martes, 28 de abril de 2009

El inocente descuido de nosotros mismos

Amigas y amigos:

Nos encontramos a través de estas líneas, ustedes leyendo, yo escribiendo, y todos pensando, en este momento histórico para el País, en el que una epidemia está azolando a nuestra sociedad Mexicana, por un virus muy potente que está en el ambiente y que no podemos erradicar rápidamente, por muy modernos que seamos ahora, y que tengamos más preparación que en otras épocas y con otras epidemias. Ésta nos ha acorralado, y nos tiene confinados, llenos de miedo, y tratando de que nos dañe lo menos posible. Nos llena de pánico saber que a mujeres y hombres fuertes, jóvenes, entre los 20 y 50años, han sido afectados hasta la muerte. Parece que no han servido ni los gimnasios, ni la juventud, ni las vitaminas, ni la hermosura, ni nada, el virus llega y aniquila.



Pero, por otro lado, nos hace pensar, como sociedad y como personas, en qué tan cuidadosos somos en nuestra salud. Hace un par de años, se nos avisó de la fiebre Aviar, que pegó en el continente asiático, llegó a alguna región de África, en Rusia, Europa, pero, el continente americano sólo fue espectador…vimos, supimos, nos alarmamos un poco, pero, como que no nos lo tomamos muy en serio. Y ahora nos tocó a nosotros, y nos ha puesto en situación crítica. ¿Habíamos prevenido algo? ¿En nuestras granjas se hizo alguna acción preventiva o sólo se hicieron correcciones momentáneas? Sabemos que en algunos de nuestros pueblos y ciudades hay gallineros, y puercos, en las azoteas. O que hay rastros clandestinos en algunas partes del País, sin nada de higiene. O que hay alimentos o sustancias que son prohibidos en algunas partes del mundo por tóxicos, o de no buena calidad, y que sin embargo llegan a nuestro País, sin ningún miramiento por parte de las autoridades. ¿Será que los mexicanos nos sentimos muy fuertes? O ¿Será que no nos fijamos y no exigimos, a las autoridades corruptas que permiten esto?
Y bueno, podemos ir bajando la responsabilidad de autoridades a ciudadanos, y preguntarnos cómo nos cuidamos. Hay algunos datos alarmantes que aparecen, que se denuncian, que se emiten a la población para alertarla, pero, como que no les hacemos caso, como que suenan a “inocentes”, a no importantes, a datos curiosos, a anécdotas, pero, no llegan a concientizarnos, y entonces para mover nuestra conciencia como que es necesaria “una epidemia”.
Por ejemplo: En el periódico “EL Universal” el 9 de Enero del 2009 apareció una nota que es por demás alarmante, pero, en nuestro diario correr por lo urgente, que es comer, ganar, trabajar, lo dejamos inocentemente pasar: “Los Mexicanos producimos 180 mil toneladas de basura electrónica al año, entre computadoras, celulares y equipos de sonido. Este peso equivale a 45 elefantes”. Ahí está el aviso, ¿Qué se hará con todo eso? ¿Hasta que nos venga una epidemia electrónica nos preocuparemos? O seguiremos cantando ¡“45 elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña”…! Son temas importantes que podríamos sacar a colación por lo menos en pláticas y hacer conciencia, que nos lleve a preguntar, indagar, cuestionar a las autoridades al respecto, y no dejar pasar hasta que nos explote la bomba. ¿O usted qué sugiere?
En otro ejemplo, un poco más curioso, aparecido en “información de www.muyinteresante.es: “Cada persona se traga en promedio 430 insectos por accidente al año” y esto claro sin contar con los que usted pida en la alta cocina de algunos restaurantes, como escamoles, chapulines, gusanos de maguey, ancas de rana etc. Y bueno, si inocentemente no tenemos cuidado y tenemos la boca siempre abierta, pues, aumentará el número.
O cuando nos llegan algunos correos avisándonos sobre algún peligro o descubrimiento, como el del “brasier” en las mujeres, y la necesidad que tienen estas glándulas, de no estar apretadas, constreñidas, sino ventiladas, y libres, para no provocar cáncer mamario que tiene un índice muy alto en nuestra sociedad ¿Nos sirve de algo? ¿Nos crean la curiosidad al menos, de indagar científicamente qué hay de cierto en ello, y qué cuidados tener? Corre por ahí otro correo haciéndonos saber la utilidad del Vick VapoRub en el alivio de la tos de los niños, y la del Agua Oxigenada, como un gran desinfectante, hecho a un lado por los laboratorios, por no producirles grandes ganancias, ya que es un producto poco sofisticado y muy barato. ¿Nos sirve para cuidarnos? ¿Los experimentamos? ¿Preguntamos?¿Usamos?
O hay algunas noticias interesantes de lo nuevo, de lo que se produce para mejorar y cuidar el medio ambiente y nuestra salud, que sin embargo parece que no nos entusiasman, ni les aplaudimos, ni pasamos la voz, ni preguntamos sobre su efectividad, y como que no nos interesan. Por ejemplo, lo de las nuevas bolsas en supermercados, ecológicas, que no dañen el medio, o aumenten el número de kilómetros en los océanos, que abarca ya la mancha de basura y bolsas de plástico flotantes. O todos los productos que ha lanzado la moda verde, para no dañar, y explotar más la naturaleza, hoy hablamos ya hasta de calzones que la marca inglesa “Eco Budoir” diseñó como un producto más de su lencería natural, hechos de seda y fibras de bambú y madera.
Amigos, se trata de nuestra salud, y es urgente que salgamos de este “inocente descuido” en el que habitualmente vivimos, sin cuidar, prevenir, usar, experimentar, exigir, aplaudir, todo lo que tenga que ver con esto, con nuestra salud, con nosotros mismos.
Ojalá, esta epidemia sirva para despertarnos de un letargo mortal al que nos puede llevar nuestra “inocente” manera de vivir. Si esto sucede, será el verdadero milagro que se nos conceda por las oraciones que ahora elevamos con premura, ya que como decía Martin Luther King: “Dios que nos ha dado la inteligencia para pensar y el cuerpo para trabajar, traicionaría su propio propósito si nos permitiese obtener por la plegaria, lo que podemos ganar con el trabajo y la inteligencia”.
¿O no lo creen también así, ustedes, amigos?
Con un fuerte abrazo: Juan Ignacio

martes, 14 de abril de 2009

¡La gran alegría de volar mariposas!

Amigas y amigos:
Qué gusto encontrarlos en nuestra página, leyendo nuestros artículos.
Hoy quiero escribirles algo que me ha gustado mucho, por lo maravilloso, por lo anecdótico, y por lo paradójico.

Lo maravilloso, es que celebramos la primera comunión de María Escarlett, mi hija menor, con sus ocho añotes, dando ya el paso a un encuentro con alguien más allá de la realidad virtual que para esta generación es algo normal y cotidiano, sí, un encuentro que tampoco es lo que ellos buscan por su edad y por la época de la imagen: Divertido, colorido, fantástico, no…sino un encuentro distinto, por un lado un encuentro histórico, porque la persona con la que se encontró tiene historia, y se ha escrito sobre Él, mucho, y se sabe de sus amigos pescadores, y de lo que le pasó en su vida. Por otro lado, un encuentro más que misterioso, sacramental, o sea, un encuentro en una dimensión más allá de la dimensión material que se ve, un encuentro con algo más profundo, que el sólo pan que se mira, o la hostia que se come, con alguien que está ahí, en lo más denso que el ser humano puede percibir, a través de otra realidad material. Pero, además, un encuentro Espiritual, o sea, un encuentro que se da a niveles más profundos que el sólo cuerpo, o mente, o corazón, sino en la cuarta dimensión, en el espíritu, el que en nosotros cuestiona la finalidad de nuestra vida, de nuestro quehacer, y de nuestra felicidad, el que ya desarrollado nos hace humanos.



Lo anecdótico es que pudimos hacer muchas cosas que quedarán en su vida registradas, como el buscar entre los cuatro miembros de nuestra “familia equipo”, qué queríamos hacer en su primera comunión: El lugar, las formas, los contenidos, etc. por ejemplo el que la hiciera en su parroquia, en la iglesia provisional que hay en el lugar. El arreglo floral escogido para que fuera bello por lo discreto, elegante por lo fino y no cargado, pero, que diera vida y color porque el día espiritual de nuestra familia en el que hemos hecho los acontecimientos más grandes de ella, ha sido el 21 de Marzo día de la Primavera, de la alegría, del despertar de la naturaleza.

Hoy no es común encontrar en las iglesias coros de niños, por eso, preparamos uno, con niños de una casa del DIF y su maestra de canto, una chica muy preparada y profesional musicalmente hablando. ¡Cuánto llena escuchar un coro así! Y toda la Liturgia, preparada especialmente para ella, desde la entrada, con todas las niñas y niños participantes, simbolizando la nueva generación de creyentes…las lecturas escogidas en familia, y proclamadas por niños. La vela de su bautismo entregada ahora en sus propias manos por los padrinos, junto con la Biblia. Las peticiones leídas claramente en el micrófono por sus compañeritos, las ofrendas simbolizando su vida de niña, en el ofertorio, la comunión bajo las dos especies, la medallita de María puesta en su cuello como señal de entrega y modelo, hasta la bendición de sus papás al final.

Y se hizo afuera, en un jardín frente a la casa, la reunión de todos, para bendecir nuestro hogar con la fuerza de la amistad, y para que todos los niños soltaran de sus cajitas donde habían sido cultivadas, unas hermosas mariposas, símbolo de vida, de libertad, de Resurrección. Y cincuenta mariposas abrieron sus alas, impulsadas por la alegría y sonrisas de los niños, al viento. Fue algo espectacular, ver los rostros de los niños, el maravilloso encuentro del humano y la naturaleza, su admiración genuina ante la vida que levantaba el vuelo, una diminuta vida, lanzándose hacia el cielo.

Y hubo la comida, departida más con la alegría del encuentro de las viejas amistades, que de los vinos, y platillos. Pero, como si la comida hubiera sido anunciada, más que de tres tiempos, “de las cuatro estaciones”, de repente se nubló el cielo, cayó una fuerte nube hecha lluvia y después granizo, para quitarse enseguida, y dejar nuevamente brillar al sol.

En ese momento se invitó a las niñas y niños a participar, con los atuendos propios de los cocineros, en el arte culinario de elaborar galletas y diferentes postres para los comensales, algo entusiasmante y de fotografía. ¡Y ahí estaba toda la chiquillería atenta y trabajando! Y los adultos a comer de las galletas preparadas por los hijos, y de postre unas rosas congeladas y en azúcar, por si alguien no creyera que las rosas no sólo se envían, o se regalan, sino se comen.

Y al caer la tarde, aparecieron todos los instrumentos necesarios para elaborar “papalotes” y un gran maestro que dirigiera a papás y peques, para armar, y hacer volar con el viento de la tarde, y frente al ocaso, los famosos cometas, o papalotes lanzados al viento, de colores, y con sus caudas flotando y equilibrando el vuelo. Papás e hijos, en un encuentro tal vez el primero de ese género, como la primera comunión, con la alegría de armar juntos un juguete, y hacer volar una ilusión.

Fue espectacular, verlos volar frente al sol, verlos correr, verlos armar, verlos ir a recoger los papalotes traicionados por el viento, verlos unidos en una fiesta común de encuentro: Porque eso es “ una primera comunión”, una gran fiesta, como cuando en aquellas regiones donde no había nada y ya era tarde, el gran maestro hacía sentar a la gente, más de cinco mil oyentes, y multiplicaba de unos panes y unos peces, una gran comida para todos. Y volaban las sonrisas, y la admiración del hambre disipada, con la sencillez de un gran milagro. Y el hambre había sido sucedida por la saciedad, y el extraño por el compañero de mesa, y la cara adusta por la sonrisa, y la vida sin sentido, por una misión que cumplir y una finalidad descubierta.

Y nos teníamos que ir, pero, no queríamos, la magia del encuentro nos había atrapado. Más allá de las guerras y el terrorismo, y las amenazas, y las crisis, habíamos logrado un momento de paz, y de profundidad, porque ese pedacito de pan hecho eucaristía, recibido en la mañana, nos había hablado de lo algo más, de lo profundo, de lo que está ahí, pero, no lo vemos. Del otro, nuestro prójimo, que es Dios hecho carne. De un mundo maravilloso, del que sólo vemos lo malo y la tragedia.

Ahí estaba lo paradójico, de algo tan simple, se había suscitado un torrente de vida y energía. Como es con todo lo esencial de la vida, algo que parece nada, lo es todo, y lo que parece todo es tan relativo, que nos hace pensar en nosotros mismos, tan criaturas, y tan hijos de Dios. Y se nos fue la tarde. Pero, ¡Gracias amigas y amigos por permitirme en esta ocasión, contarles algo tan aparentemente sin gracia como el vuelo, en el alma, de unas mariposas!.


Los invito a que nos escriban en el espacio de comentarios.

Juan Ignacio

lunes, 16 de marzo de 2009

Entre el jardín y el lago

Hoy quiero comenzar mi artículo narrando dos anécdotas ocurridas en estos días en convivencia con mis hijas y descubriendo algunas conductas de los animales.

La primera ocurre en el jardín de San Marcos en Aguascalientes, con frecuencia cuando visitamos esa ciudad, vamos a dicho jardín a dar de comer a las ardillas. Yo he aprendido mucho de ese entretenimiento, por ejemplo: las ardillas bajan del árbol, cuando alguien rasca con un cacahuate en el tronco, luego se les ofreces el cacahuate con la mano y ellas lo toman con sus dientes, y generalmente se suben a una rama segura y allí lo pelan, tiran las cáscaras y se comen el fruto.

Esta vez fue diferente, parece según nuestro entender que la ardilla en cuestión no tenía hambre, de cualquier modo bajó, tomó el cacahuate como de costumbre y en vez de subir a la rama bajó al suelo, escarbó con sus manos (patas de adelante) un pequeño agujero y enterró el cacahuate, tapándolo después con la tierra que había sacado. Nosotros interpretamos que lo guardaba para cuando tuviera hambre. El caso es que segundos después otra ardilla (que yo bauticé “Ardilla gandalla”) fue al lugar, destapó el escondite y se comió el cacahuate. Mis hijas y yo quedamos asombrados de tal acto, ellas hicieron comentarios como: “qué mala onda”, “no es justo”, “eso no se debe hacer”, “le robó su comida”, etc.

La segunda anécdota sucedió algún tiempo después en un parque de la misma ciudad. Íbamos en una lancha de pedales y decidimos acercarnos a una orilla donde estaban varios patos, cuando estábamos cerca de dicha orilla, escuchamos el graznido de una multitud y de todos lados salieron patos corriendo hacia donde el ruido era más sonoro. Pronto nos dimos cuenta que llegaba un hombre con dos cubetas de comida y comenzó a extenderla sobre una especie de pesebre que hay para ello. Lo que nos llamó la atención es que casi al final llegaron cuatro patos de otro color (la mayoría eran blancos y éstos cuatro eran de pluma café), inmediatamente después de que se acercaran a la comida un pato blanco y seguidamente otros cuantos, comenzaron a picarles y no les dejaron acercarse a la comida; intentaron por otro lado y la misma historia, total que los patos de color, se alejaron y se metieron de nuevo al lago.

Narro estas dos anécdotas porque me parecieron significativas y continuamente vienen a mi recuerdo. Los animales por su instinto de conservación a veces se matan entre sí, pensemos un león o un tigre, atrapando, matando y comiéndose a un ciervo; es una escena macabra, sin embargo sabemos que es su instinto y no pueden hacer otra cosa más que realizar lo que su propia naturaleza les marca.

Los seres humanos somos diferentes. Nuestra naturaleza también tiene una parte regida por el instinto, y pudiéramos pensar a veces que es natural que tengamos ciertas conductas, agresivas o afectivas que nacen de nuestras reacciones instintivas, pero sabemos que nuestra naturaleza tiene también un componente mental que no tienen las demás especies, que nos permite desarrollar la inteligencia racional y emocional, lo que nos guía para que nuestra conducta se adapte a lo que hace bien a todos, comenzando por protegernos a nosotros mismos y protegiendo a los demás.

También tenemos nuestra naturaleza espiritual que nos hace valorar unas cosas más que otras, respetar a los demás, querer para los otros los bienes y placeres que deseamos para nosotros, que nunca hagamos al otro lo que no nos gusta recibir de él, tener la fe de que somos eternos y que Dios habita en nosotros y en nuestros semejantes, y por eso, por estar hechos a imagen y semejanza suya, nos valoramos mucho y medimos a los otros con la misma medida que aplicamos para nosotros.



El caso es que estas inteligencias, que normalmente decimos que son cuatro (física, mental, emocional y espiritual), las tenemos que cultivar si queremos que estén constantemente a nuestro servicio, si queremos obtener la felicidad como fruto de nuestro existir, vivir en armonía y paz, tenemos que trabajar y esforzarnos por darles mantenimiento, de lo contrario se volverán como una gran fuerza que actuará en contra de nosotros mismos.

Los seres humanos tenemos la posibilidad, gracias a estas inteligencias de ayudarnos, de colaborar unos con otros, de crear espacios dignos, ambientes saludables, relaciones cordiales y ser creativos y productivos constantemente. Pero tenemos el gran riesgo de no trabajar estas partes positivas o niveles altos de energía y entonces utilizar todo esto para destruir. Pongamos el caso del crimen organizado o de la guerra, el terrorismo o los pleitos intrafamiliares, intracomunitarios o raciales; en estos casos, no sólo nos convertimos en animales que usan sus instintos para conservarse, sino en pequeños monstruos que hacen uso de las facultades cerebrales para destruir. Y es cuando un ser humano puede destruir a otro: no por hambre sino por odio; puede abusar de otro, no por necesidad sino por depravación; puede robar, no por necesidad sino por avaricia; puede comer, beber demasiado o usar drogas, por gula y por ambición de placer y no por sentirse bien.

Termino diciendo que todo lo que no se forma se deforma, que lo que no se atiende se vuelve contra nosotros, y que tenemos un gran reto como humanos y es el de crecer y desarrollarnos, pensando siempre en las posibilidades que tenemos y no en los límites o en las flaquezas.

Te deseo y me deseo a mí que cada día, cada momento hagamos una gran posibilidad de crecer y no de destruir, de compartir y no de agandallar, de darnos cuenta de la abundancia y que hay para todos y no hacernos víctimas de la posesión neurótica y crear una mentalidad de escasez.

En este camino estamos y estamos invitados a recorrerlo juntos. ¡Feliz viaje!

Espero tus comentarios.

Con mi cariño.

José Luis

Gracias por seguir en contacto:

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