Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Y LOS HIJOS? ¡BIEN, GRACIAS!

Es Común en esta época. Común no significa bueno ni malo, sino que se da con mucha frecuencia. El amor y desamor siempre ha sido un tema; nuestros padres discutían, peleaban, incluso dejaban de hablarse por muchos días, aunque nosotros no nos enterábamos.

Hoy nos enteramos más, la sociedad ha ido cambiando su visión y su estilo de vida. Ahora la pareja se arma y desarma con más facilidad. Muchas son las causas de los actuales problemas de pareja y del tipo de soluciones que les damos, el asunto es que está demostrado por estadísticas que al menos la mitad de las parejas que se juntan, se casan por lo civil o por la iglesia, se unen libremente…, con el pasar de los años se separan o se divorcian. Sabemos también por la experiencia terapéutica que muchas de las que viven juntas tienen serios problemas de comunicación o viven una farsa.


La mentalidad de hace unas décadas era el aguante, la disciplina estoica, el salvar a como diera lugar la estructura familiar. Hoy la mentalidad de mucha gente, sobre todo de los 40 para abajo no es así. Para muchos la lucha y la disciplina no son buenos aliados, otros ante los problemas que implica la vida en común, la crianza de los hijos y la dosis de esfuerzo que requiere resolver el día a día, desisten y prefieren caminos fáciles; también están los que con conciencia clara y esfuerzo, siendo honestos consigo mismos, deciden romper vínculos que los están destruyendo o que les frenan su crecimiento. Y podemos decir que hay una gama entre los que luchan y se disciplinan y los que buscan simplemente el camino fácil, que da una gran variedad de motivos y situaciones que llevan a la ruptura de las parejas.

La pregunta de hoy es: ¿Y los hijos? ¿Qué pasa con ellos? Porque la mayoría de los padres decimos que no queremos lastimarlos, que no queremos hacerles daño, que tenemos que ser muy civilizados a la hora de las separaciones para que ellos no salgan perdiendo. A pesar de los esfuerzos, al menos verbales de los padres, con frecuencia reciben las peores partes de un lado y del otro.

Pienso que es hora de tomar conciencia, de pensar antes de engendrar un hijo, en la capacidad que tenemos como pareja de resolver conflictos, de dialogar, de esforzarnos y disciplinarnos para lo que implica la educación. Los hijos sienten, ellos viven sus etapas, su momento y a veces los padres en conflicto, olvidamos que ellos ven, sienten, escuchan, opinan y tienen los problemas y situaciones propias de su edad y condición.

Escucho muchas veces en terapia adolescentes dolidos, dañados, con problemas académicos y disciplinares en las escuelas, con malas decisiones a la hora de elegir pareja, con conductas de riesgo frecuentes, cuyo origen está en la deficiente relación de los padres, sea una relación que esté vigente o que haya caducado.

Por ello creo que los adultos tenemos un gran papel y responsabilidad en la educación de las nuevas generaciones a través de nuestro propio compromiso de crecimiento personal y maduración de la vida de pareja. Y que no se nos olvide que no basta con el deseo de “que no sufran con nuestra decisión”, sino que hay que hacer todo el esfuerzo posible para que los conflictos se resuelvan y que en las decisiones, pesen más los beneficios que las pérdidas.

Con mi cariño de siempre:

JOSÉ LUIS
joseluis@dordesa.com

sábado, 8 de marzo de 2014

Bumerán

Lo recuerdo muy bien, en la sala de espera del centro médico de mi pueblo. Mi padre, ya bastante avanzado en edad y enfermedad en su silla de ruedas, acompañado por mí; al ponerle la chamarra para salir a la calle, procedí como se hace con los niños pequeños para vestirlos, metí la mano en la manga para tomar su mano y estirarle… expresé en voz alta el comentario: “hay que vestirlo ya como a los niños chiquitos”. Una vecina del pueblo me dijo: “cuántas veces habrá hecho él eso contigo”.

Con frecuencia salimos al campo a pasear y disfrutar de la naturaleza, es una de las diversiones preferidas en nuestra familia. Cuando mis hijos eran pequeños recuerdo haberles ayudado a subir la montaña, dándoles la mano, empujando, cargándolos al caballete y siempre animándolos con la mentalidad de que somos equipo y que nos ayudamos para llegar a la meta.

Hace unas semanas salimos en familia al bosque. Todos los días nos acompañó la neblina y la lluvia, lo cual no impidió nuestros largos paseos en busca de las espléndidas cascadas y paisajes inolvidables que el lugar nos ofrecía, con el único precio de nuestro esfuerzo. Yo iba recién operado del hombro, por lo que caminaba con mucha prudencia y en las húmedas veredas, sobre todo de bajaba, más de un resbalón me di; mis hijas, ya adolescentes se fueron turnando sin ponerse de acuerdo, de modo que en ningún momento del camino me sentí solo, o desprotegido, me tomaban de la mano,ofrecían sus hombros para mi apoyo…

Recordé y les conté la experiencia con mi padre y cómo la vida nos va regresando lo que hacemos y de qué formidable manera se realiza el ciento por uno. Les comentaba que lo que hacemos con amor y lo damos desinteresadamente, se nos regresa de forma abundante y cuando menos lo esperamos.

Ese es el “EFECTO BUMERÁN” (o boomerang para los anglos) haciendo referencia a ese objeto de madera en forma original que si no choca con algo, vuelve a la mano del que lo lanzó.

La vida da muchas vueltas, las personas con las experiencias vividas, con la edad, con el conocimiento adquirido y los motivos personales, vamos modificando estilos de vida, comportamientos, actitudes… y vamos moldeando nuestra personalidad. Quizás nos encontremos con personas conocidas de las que desconocemos algunos aspectos, a veces nos agradarán los cambios, otras nos confrontarán y muchas nos resultaran adversos. Sin embargo, con el tiempo iremos descubriendo que las cosas son como tienen que ser y que la realidad se va mostrando, que de nosotros depende en gran porcentaje cómo la abordamos y el sentido que le damos.

Personalmente pienso que la regla de oro de la mayoría de creencias y filosofías: “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan” y en positivo “haz a los demás lo que quieres recibir de ellos”, sigue vigente.

La invitación es a dar siempre lo mejor de ti y sin duda, recibirás lo mejor de los otros.

Con mi cariño de siempre:

JOSÉ LUIS
joseluis@dordesa.com

lunes, 15 de abril de 2013

Educar la alegría



En un mundo donde las preocupaciones sobre todo monetarias nos están llevando a perder la alegría de vivir, condimento indispensable de la salud física y mental, conviene que nos preguntemos sobre esta capacidad propia del ser humano, que si los papás la perdemos, perderíamos el mejor recurso para acercarnos a los hijos, educarlos y formarlos.




Y es que la alegría genuina proviene del interior, sí, ahí donde los humanos enfrentamos la vida, y decidimos con qué actitud lo hacemos, y por tanto esta actitud se vuelve un aprendizaje. ¿Qué vemos en los adultos que nos rodean? ¿Con qué actitud papá y mamá, o familiares, afrontan la vida? ¿Escuchamos siempre quejas de la vida, y vemos amargura en los rostros, tensión, gritos, desesperanza? O al contrario, ¿Vemos optimismo, bondad, alegría, y escuchamos que se habla de las cosas buenas de la vida?

La alegría va de la mano del sentido de la vida, y el sentido de la vida es la respuesta que damos cada día: ¿Vale la pena el día de hoy? Y la respuesta se escucha cuando se ve el rostro o los rostros de las personas que amamos. Nuestra familia, nuestro compañero o compañera de vida, nuestros hijos, nuestra madre o padre, hermanos, dan ese sentido, para ellos trabajamos, sudamos, nos esforzamos…y vienen luego los rostros de aquellos para quienes realizamos el trabajo, los clientes, las personas que encontraremos en nuestro trabajo, los clientes internos, en fin, eso que englobamos con la palabra deber, pero, que tiene un rostro, un sentido, una motivación.

Cuando hay alegría se agranda el espacio, es como cuando respiramos profundo y se ensanchan los pulmones, y esto invita a aventurarse en la esperanza. Sí, cuando hay alegría se puede uno echar en los brazos de la esperanza: “Lograremos”, “haremos”, “ sí podemos” “aceptamos”. La alegría es como la luz, no hace ruido, pero en su silencio transforma la realidad. No es lo mismo vivir con gente alegre que con gente triste, tensa, neurótica, que hace la vida con menos espacios, sin esperanza.

Es que la alegría viene de la mano de la sencillez, porque su raíz es el “Ser”, valorarse por la decisión de querer ser, de amar, y por tanto de saber gozar lo que se tiene, lo que se logra, lo que nos rodea, la vida toda. Y esto produce alegría, “hay más gusto en dar que en recibir” decimos y lo comprobamos. Mientras que cuando se confunde y se quiere basar la alegría en el egoísmo, en el tener, dura muy poco, porque esa sociedad basada en la cultura del capitalismo, donde todo es presunción, apantalle, competencia, donde eres valorado por lo que tienes, entonces te lleva a sobrevivir, a desear todo lo que te presentan, a sufrir por querer tener más, a ver lo que te falta, no lo que tienes, y si no lo haces serás calificado como mediocre. Y entonces tienes, pero, no creces, no gozas, sólo presumes, te vuelves superficial.

¿Cómo y en qué queremos educar? Hoy hay ya muchas personas enfermas por esto, porque todo es correr y querer tener, nada alcanza, nada se goza, no hay alegría en el vivir. Queremos que los hijos aprendan muchas cosas, pero, no los educamos, o sea no hacemos que saquen lo mejor que hay dentro de ellos, la alegría y el gozo de ser. Y sin embargo está demostrado que sin alegría no puede haber educación, podrá haber sumisión por un momento, pero, esto no durará, y buscará escabullirse por algún lado. La alegría no somete, sino convence, persuade, transforma, y de buenas maneras logra, porque con el ejemplo invita y educa.

Y como todo lo bueno, se aprende mejor en equipo, en familia, en comunidad, de aquí que proponemos algunas cosas prácticas que pueden servirnos para realizar esta educación de la alegría en nuestras familias:

1. Hacer la campaña de  “Los 21 días sin  quejas”, de manera que usando un brazalete en la muñeca de la mano, cuando nos demos cuenta que nos estamos quejando de algo de la vida o circunstancias nos cambiemos el brazalete de mano, y así tomemos conciencia de qué tan quejumbrosos somos, hasta que logremos no hacerlo. ¿Bastarán 21 días para acostumbrarnos?

2. Leer en familia, o grupo, el libro de “Polliana”, y comentarlo, sacar conclusiones, pues, esto nos ayudará a ver lo positivo de la vida, a tener buen humor, alegría.

3. Formar con las amistades, “la sociedad de la alegría” como hizo Domingo Savio, un joven alumno de Juan Bosco el gran pedagogo, y que supo así, gozar la vida, proponiéndose entre ese grupo, vivir siempre alegres, a pesar de las circunstancias de la vida. ¡Imagínese usted con un grupo de amigas o amigos así de alegres¡

4. Todas las noches en familia, hablar de las cosas buenas que nos sucedieron o hicimos durante el día, acostumbrando así a los hijos a hablar y fijarse en lo bueno.

5. Proponernos escuchar a las personas desde la filosofía positiva, ayudándoles a descubrir lo que no han visto, a escuchar lo que no han oído, y fijarse en lo bueno que tiene eso que les ha sucedido, de manera que la alegría se extienda entre nosotros.

6. Cuidarnos de no caer en “el círculo de las noventa y nueve” el cuento que Jorge Bucay narra, donde se esfuerza uno por conseguir el 1%  que falta sin gozar el 99% que se  tiene.

Porque la alegría es una emoción, un sentimiento que si no se cultiva, se muere, entre las ramas de la tristeza, desesperanza, amargura, queja, mal humor, neurosis, tensión, estrés, que se escucha con frecuencia en todos lados, o se mira en los rostros de gente que nos rodea, o en los noticieros amarillistas, creando un ámbito negativo y enfermizo. Como el humo del cigarro que aunque no lo fume directamente, te afecta.

Propongámonos desde hoy, ser alegres, sencillamente alegres, con una alegría real que nos salga del interior, de nuestro ser, volviéndonos tan sencillos que todos se sientan a gusto con nosotros, valorados y apreciados, y el mundo y la vida nos

sonreirán también.

Con mi cariño: JUAN IGNACIO

lunes, 13 de septiembre de 2010

La educación vuelve a la familia

Queridos amigos y lectores de nuestra página. Un saludo cordial en estos tiempos de revisión, encuentro, queja, vituperación, esperanza o aplauso a nuestra mexicanidad y su proceso por los años. ¡Todo es tan subjetivo! ¡Todo es tan aparentemente democrático! ¡Todo parece tan libre! ¡Y todos tan lejanos de un consenso, trabajo, gusto y responsabilidad nacional!

Yo quiero, sin embargo, retomar un tema que acaba de hablarse en los medios ahora, cuando a nivel internacional se han comparado los medidores y estándares que se usan para todos los países en este campo de la educación, en búsqueda de las razones del porqué un País como el nuestro, que invierte tanto dinero en educación, se encuentra en niveles tan bajos, e insatisfactorios.

Y la respuesta no se ha dejado esperar: Somos un País que ha soltado la educación y la ha dejado como tarea del estado, en manos de nuestros políticos que cada año le cambian nombres, la barnizan, y la enarbolan como trofeo partidista. En manos de los que creemos que saben, mirándola sólo de lejos, sin intervenir mayormente, sin inmiscuirnos como responsables directos, yendo sólo y no como familia completa, a aplaudir en los festivales y presentaciones de fiestecitas y fin de año, pero, sin interesarnos verdaderamente en el proceso Educativo.




Y esto nos ha llevado a grandes abusos, a la baja en la exigencia disciplinar, en el estancamiento pedagógico de los docentes, en el desconocimiento de aquellos que pretenden educar a nuestros hijos, en una gran separación de la escuela y la familia, en exigir todo gratis, y defendernos cuando pensamos que se exigió de más al hijo, pero, no en unirnos, interesarnos, participar, conocer, apoyar, y lograr una calidad educativa que dé los resultados apetecidos.

Perdimos en un momento la brújula de la educación, y ante el embate de los tiempos modernos, pensamos que bastaba con “capacitar” y no “formar”, con que los hijos tomaran muchos curso y talleres, materias complementarias por la tarde, llenarlos de ocupaciones en sus tiempos libres, y que eso era darles educación de calidad, sin darnos cuenta que lo esencial, el saborear el conocimiento, el sentirlo, el encontrarle el gusto a la lectura y la investigación, el encuentro con la familia para platicar y profundizar lo aprendido, el hablar no sólo de la mente, sino del corazón, del espíritu, de lo que somos como humanos en totalidad, el aplicar los conocimientos de manera que se volvieran instrumentos para un servicio dentro o fuera de la familia, lo abandonamos…y hoy tocamos con mano el gran deterioro que hemos sufrido con nuestras nuevas generaciones.

Es muy fuerte el atractivo económico en una sociedad de capitalismo salvaje que obtiene lo que quiere y por los medios que sean, y muy débil el modelaje de entrega y servicio, de respeto, de entusiasmo por descubrir y crear, del ser constantes para lograr, de no tenerle miedo al esfuerzo y a la disciplina para llegar a metas y logros que nos retan y que nos hacen superarnos. Lo fácil, lo incongruente, lo pirata, lo copiado, lo robado, lo corrupto, parece más aplaudido que lo contrario, incluso en nuestros medios masivos de entretenimiento.

Pero, no tenemos que aflojar el paso, tenemos al contrario, que unirnos más la familia y la escuela para llevar a cabo juntos, la educación. Hoy ante esta respuesta más científica a nuestra queja y asombro por lo que nos acontece, debemos de dejar de “tirarle piedras a la botella en la barda”, como deporte nacional, al que ya debemos renunciar. No es culpa ni de Doña Esther, ni de los presidentes en turno, ni de nuestra mala suerte lo que nos pasa…somos nosotros, que al ceder algo tan importante como es la educación de nuestros hijos, en manos de los “salvadores de nuestro destino”, lo hemos provocado.

No estamos solos ni perdidos ante lo que nos pasa. Tenemos que darnos cuenta y empezar de nuevo, la educación es más cuestión de la familia, que de las instituciones. Más nuestra que del estado. Más de amor y de asumir, que de relegar. Más de presencia que de sustitución. ¡Hagamos la educación!

¡Así pues, un augurio de crecimiento para todos en estos tiempos de conciencia nacional!

Juan Ignacio

martes, 1 de junio de 2010

Ser mamás en el juego de la vida

Hoy, envueltos en la atmósfera del fútbol mundial, vale la pena que reflexionemos sobre una gran metáfora de la vida de nuestras familias: ¿Qué puesto jugamos en el campo o qué jugaremos si ya nadie quiere ser portero, y sólo hay delanteros que quieren ser vistos, y aplaudidos? ¿Creeremos en serio que sólo se trata de buscar meter goles, y no defender la propia portería? ¿Acaso hoy no se preparan los jugadores en varios puestos, para suplir en caso necesario?


Todos hoy sabemos, que si un equipo gana, no se debe sólo a sus delanteros, sino a todo el equipo, porque cada uno cumple una función muy importante, aunque a la hora de los aplausos y premios, aparezcan más los delanteros estrella, haciendo poco caso no sólo de los demás jugadores, sino del entrenador, técnicos y acompañantes, individualizándose, un juego que es eminentemente de equipo. ¡Aunque cuando se pierde, es otra cosa y se reparten culpas!


En nuestra vida diaria hay algunas frases y apotegmas que nos hablan de esto, y que hacen ver que siempre ha existido esta especie de injusticia, aunque, se reconozcan tardíamente los valores, esfuerzos y logros, de gente que está atrás de bambalinas, pero, que gracias a ella, se logran las cosas. Por ejemplo aquello de: ¡Detrás de un gran hombre, hay una gran mujer! ¡Los papás forjan, las mamás educan! ¡Podrá haber pan en la casa, pero, no hogar sin mujer! Etc.


Y esto es una verdad cuando vemos que incluso en las empresas, junto al dueño, o al gerente general, hay un subgerente, o un subdirector o una secretaria, o un personal, que calladamente, sin aparecer, hace las cosas y el trabajo pesado, del que puede levantarse el cuello el jefe, y ese subalterno, no visto ni reconocido, es el que lleva a cabo el funcionamiento de la empresa. Y esto pasa hasta en las órdenes religiosas, donde muchas veces el fundador es el conocido, el santo, pero, el subdirector o el segundo de abordo, que nunca apareció, es el que en realidad hizo todo para que hubiera continuidad y afianzamiento de ese grupo. Y ¿Qué nos pasaría en los ejércitos si todos quisieran ser generales, y no hubiera soldados? ¿Qué nos está pasando en las familias donde todos queremos estar fuera, trabajar, lucirnos, tener nuestro dinero, no depender, y que nos aplaudan en la empresa, aunque nos metan gol en nuestra casa?


En un grupo de fútbol, todos son importantes, porque el que parece menos, sin él, se puede perder el partido, veámoslo cuando por faltas tienen que sacar a un jugador dejando incompleto el cuadro. Todos los puestos son importantes, aunque tal vez no tan lucidores como otros, pero, son necesarios. ¿Qué pasa si hay buenos delanteros, pero, no hay portero? ¿Qué está pasando en nuestras familias, si no hay quien pare los goles que nos tira una sociedad del consumo, adictiva, sin valores, con fuertes problemas de inseguridad, y sin alguien que marque la disciplina?


¡Tenemos años, en este juego de nuestras familias! Ciertamente no teníamos muy buenos delanteros, no había tanta especialización como ahora, pero, se jugaba bien, y lo más importante, lo que nos hacía competitivos, es que había portero: “Y colocaba su vaya en los penaltis, y gritaba alertando a los jugadores, y veía las jugadas desde su portería, y daba indicaciones. Difícilmente nos metían goles”. Y ahí tenemos a infinidad de jugadores salidos de equipos donde la mamá portero fue la que formaba, exigía, comprometía, y nos amaba. Muchas familias no completas, pero, sí funcionales. ¡Poco dinero había, pero, existía vigilancia, exigencia, comunicación y encuentro, eso que se resumía en amor, y que ahora hemos tergiversado tanto!


Hoy no tenemos porteros, hoy todos quieren ser delanteros, hoy nos estamos quedando sin nadie abajo que asegure las jugadas, grite, llame, exija…y resentimos ya las goleadas: ¡Cuántos miles de jóvenes drogadictos, el alcoholismo femenino galopante, la baja calidad educativa, los medios de comunicación, internet y correo electrónico, sin mayor vigilancia! Pero, eso sí, los dos papás en la delantera, exitosos, aplaudidos, reconocidos, con amigas y amigos que exigen tiempo, y con anhelos de más, aunque se descuide la presencia, la asistencia, y la cercanía con los hijos.


Sí, no se trata de machismos, del sometimiento de la mujer, de injusticias, sino de inteligencias que se unen para poder organizarse y lograr todo. De cambiar en algunos momentos los rolles, para reforzar las necesidades del otro, de tener tiempos para los dos, de comunicarse para que los tiros libres no sean tan perjudiciales en nuestros hijos. Y de no tenerle miedo a ese roll, a ese puesto, que aunque parece poco reconocido, es de mayor importancia. Hoy, en la competencia mundial de las familias, requerimos y exigimos, como en el fútbol, cuadros completos, jugadores que se casen para hacer equipo, que se casen sabiendo que hay rolles, que uno es papá y el otro es mamá, hombre y mujer que se apoyan, los dos metidos en las labores de casa, que tener hijos es comprometerse con ellos, y que hay que dejar mucho del ego y el aplauso, de las reuniones de cuates y saliditas sin necesidad, para meterse a la realidad que exigen nuestras familias mexicanas hoy, donde estamos perdiendo en muchos campos ya, y por muchos goles. ¿No le parece a usted?


Con mucho cariño.

Juan Ignacio.

lunes, 11 de enero de 2010

La vida en pareja

Hay que ser parejos, decimos con frecuencia, cuando queremos recalcar que en un equipo todos tenemos que tener una carga de trabajo equilibrada y que nadie tiene que tener privilegios, sino que todos ponemos lo mejor que tenemos y recibimos lo que nos corresponde. A eso le llamamos “jalar parejo”.




En mi experiencia personal, el equipo más difícil de mantener equilibrado es precisamente LA PAREJA. Suena paradójico puesto que es un equipo muy pequeño, sólo son dos, entonces pareciera que ponerse de acuerdo es muy fácil, sólo dos opiniones, sólo dos ideas, dos posturas, dos… Si lo comparamos con un equipo de futbol que juegan once de cada lado, o con un equipo de trabajo que suelen ser grandes, o con cualquier equipo, podemos decir que es un equipo tan pequeño que rápidamente se pueden poner de acuerdo.

Sin embargo, las estadísticas dicen que en México la mitad de parejas que se casan por primera vez, acaban en divorcio y en otros países como en Estados Unidos nueve de cada diez. Esto nos hace ver que no es muy fácil vivir en pareja y que por lo tanto hay que aprender a vivir en ella, si así lo decidimos.

Arriba decía que la pareja es el equipo, en mi opinión más difícil. Por ello, creo que es el que más enriquece. En mi propia carne, experimento que quien más me ha ayudado a desarrollarme y a crecer significativamente es Iliana, mi pareja. Y creo que la clave está en esta mezcla entre lo difícil y lo enriquecedor. Una pareja te confronta, te cuestiona, te pone constantemente el espejo, con ella no puedes disimular toda la vida, vives, comes, duermes con ella, pasas aventuras interesantes y momentos desquiciantes, con ella compartes las enfermedades de los hijos y las alegrías que estos te dan a cada momento, ante ella te desnudas, te conoce tus recovecos, sabe de tus inquietudes y de tus sombras. Toda esta vivencia con una sola persona hace que constantemente te vayas puliendo. Claro que cuando no se entiende de este modo en lugar de ir creciendo vamos comenzando con luchas de poder y con EGOS cada vez más refinados y se da la ironía y el cinismo y las parejas acaban por destruirse mutuamente.

“Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño, y cada vez más yo y cada vez más tu y cada vez más rotos. Y cada vez más yo, y cada vez más tú, sin rastro de nosotros”. Es tu trozo de canción que canta Joaquín Sabina, definiendo la pareja. Pienso que si no queremos caer en estos juegos destructivos, hay muchas cosas que podemos hacer para fortalecer nuestra vida de pareja.

En mi opinión hay algunos tips que nos pueden ayudar a hacer nuestras parejas vivas y funcionales:

1. CONOCERME Y DARME A CONOCER:
a. Meditación, contemplación, oración.
b. Lecturas apropiadas.
c. Expresarle lo que siento con naturalidad y lo que pienso con claridad.
d. Ejercicios, cursos, talleres, lecturas… en común.


2. CONOCERLA Y RETROALIMENTARLA:
a. Escucha activa (verbal y no verbal). Escuchar lo que el otro dice y lo que calla.
b. Preguntar constantemente sobre su vida, gustos, trabajo, hobbies, creencias, estilos, personalidad, familia…
c. Expresarle de buena forma lo que pienso de sus maneras de ser, pensar, sentir y actuar.

3. ACEPTARME Y ACEPTARLA:
a. Aceptar que mi vida, mis sentimientos, mis acciones, mi familia, mis estilos… son míos y no justificar que me los impusieron o me obligaron a tenerlos.
b. Aceptar que mi pareja es como es, no intentar cambiarla, ser ASERTIVO en la forma de comunicarme.
c. No juzgar a la persona, sí expresar acuerdos y desacuerdos con la conducta.


4. AMARME Y AMARLA:
a. HACER cosas para mi desarrollo, su desarrollo y NUESTRO desarrollo.
b. Por ejemplo leer juntos, escuchar o ver programas formativos juntos, salir juntos, hacer planes juntos.
c. Hacer proyectos formativos concretos que vayan desarrollando las cuatro inteligencias.
d. Descubrir lo que le gusta al otro y favorecerlo.
e. Buenos tratos, reconocimiento constante.
f. Expresiones que demuestren amor, caricias, sexualidad creativa, detalles…
g. Orar juntos, tener un proceso espiritual compartido.

Creo que si estos cuatro puntos los tenemos constantemente presentes en la vida de pareja, podemos funcionar mucho mejor.

También a los jóvenes que quieren comenzar a ser pareja, les puede venir muy bien comenzar a llenar su casa interior de cosas útiles. Me refiero que así como pensamos en una cama un refrigerador y una tele, pensemos en llenarnos de encuentro, aceptación, lecturas, comunicación, asertividad y otras herramientas útiles para crecer.

En concreto es centrarnos con la pareja más en EL SER, que en el HACER o el TENER.

Suerte en este entretenido camino de perfección y crecimiento.

Con mi cariño.

José Luis

Gracias por seguir en contacto:

http://www.dordesa.com/

joseluis@dordesa.com

sábado, 3 de octubre de 2009

Facultamiento: el reto de crear ambientes sanos

Facultamiento es una palabra que se ha puesto de moda en los ambientes empresariales y que significa “DAR PODER”. Facultar es dar el poder de actuar a las personas, es hacer énfasis en el poder personal que cada uno poseemos y que se puede poner al servicio de un equipo, de un grupo o de una comunidad.


Me gusta una definición de FACULTAMIENTO: “crear un ambiente donde fluyan los conocimientos, la experiencia y los motivos personales de cada uno”.

En los grupos humanos, desde el más pequeño que puede ser la pareja, hasta los más sofisticados equipos de trabajo, pasando por grupos de amigos, familias establecidas o equipos de fútbol, todos los integrantes tienen conocimientos de diversos temas, además todos han vivido experiencias personales distintas y cada uno tiene sus motivos para vivir.

Cuando el ambiente de un grupo es tenso, autoritario o centrado sólo en resultados productivos, las relaciones son de poder y las personas actuamos por miedo o presión. Sin embargo, si en un ambiente se dejan fluir los conocimientos de todos, se escuchan las experiencias vividas en circunstancias especiales por cada uno y se deja que afloran los motivos personales que se tienen para hacer una cosa u otra; entonces las acciones lejos de basarse en el miedo, se basan en el espíritu creador de cada individuo, se viven las acciones con pasión y los resultados de todo tipo aumentan.




Pongamos el ejemplo de una familia que quiere hacer un fin de semana de convivencia:


1.En el primer caso el padre o la madre imponen lo que se va a hacer, dónde irán, qué comerán y los horarios que todos deben cumplir. El pronóstico de esta convivencia variará considerando la edad y condición de cada miembro, pero si hay adolescentes, lo más seguro es que haya malas caras, descontento y la convivencia no sea gozosa para todos.


2. Pongamos la misma familia en acción, donde los padres preguntan que dónde se la pasan mejor juntos toda la familia (habla cada uno de sus experiencias pasadas en las que han disfrutado), por otro lado preguntan si alguien sabe de lugares diferentes que no conozcan (pueden surgir ideas de lugares a los que hayan ido amigos, esto es el conocimiento), y por último preguntan qué les gustaría hacer (motivos personales). Es muy probable que esta reunión tenga mejores frutos que la anterior y que todos puedan gozar de la convivencia.

Crear ambientes donde fluyan estos tres elementos: conocimientos, experiencia y motivos personales, es así como dirigir toda la energía de un grupo para lograr juntos objetivos comunes. Esto es un reto en un mundo lleno de grandes EGOS que quieren brillar por sí mismos y con frecuencia ese brillo depende de la oscuridad de los demás. Por ejemplo con frecuencia en las campañas políticas los argumentos de un candidato son las debilidades del otro, y hablar y publicar los defectos del contrario me hacen fuerte.




En las familias en los salones de clase, en los grupos de apostolado de las iglesias, en las comunidades, etc. También se da este juego de poder. Lo que aparentemente se hace para beneficiar a otros en el fondo es para estar yo arriba, para brillar, para llevarme las palmas y los otros que se queden entre bambalinas o que ni siquiera figuren. Muchos de los dramas de las parejas son un juego de poder donde salen los peores elementos de cada uno de los miembros y en lugar de que se de energía en la relación, sólo se da destrucción.


Por eso es importante el FACULTAMIENTO, el permitir que fluya esa energía que todos llevamos dentro a través de nuestros motivos. La motivación no es algo de fuera que me tienen que dar, es algo de dentro de mí que fluye hacia fuera y va inundando de vida todo lo que toda. El fluir del conocimiento es la posibilidad de que lo que tú sabes, lo pueda aprovechar yo y viceversa. Es apertura mental a lo diverso a lo que otros saben de forma distinta a como yo lo aprendí, es abrir mi corazón para comprender que el otro es otro y que juntos podemos lograr mucho más, siempre mirando el objetivo de la mejora de todos y no sólo de mis intereses. Dejar fluir la experiencia implica escucha, poner la oreja atenta a lo que el otro ha vivido y vive, con su estilo, con su ritmo, con sus posibilidades, sin juicio, sin segregamiento, simplemente valorando cada experiencia como única.

Facultar es entonces abrirnos al espíritu, a la diversidad con las ganas inmensas de aprender, de crecer, de gozar de la gran riqueza que juntos generamos y no quedarnos encerrados en el fanatismo de nuestra única verdad, que siempre será pequeña comparada con la riqueza y variedad del universo.

Con mi cariño.

José Luis

Gracias por seguir en contacto:

http://www.dordesa.com/ joseluis@dordesa.com

domingo, 20 de septiembre de 2009

Respuesta efectiva

Nuestro mundo lo hemos ido construyendo a través de la interacción de nosotros, los humanos, con las demás especies. Gracias a los dones que tenemos como especie, y a su desarrollo a través del trabajo interior y exterior, hemos logrado un gran nivel tecnológico y una facilidad para “hacer cosas” que probablemente la mayoría no soñábamos hace veinte años.

Sin embargo así como la cizaña y el trigo, el quelite y el maíz, junto con lo deseable, crece lo que no nos agrada. Cuando tomamos un antibiótico, éste ataca las bacterias que nos causan dolor o malestar, pero a su vez ataca también células sanas que nos protegen.

El equilibrio y la valoración que de cada acción hacemos, nos van llevando a la madurez, y logramos así, la mayoría de las veces, hacer cosas que nos favorecen y contenernos para dejar de hacer las que nos perjudican.

Sin embargo sabemos que en ciertas etapas de nuestra vida, como es en la adolescencia, no todas nuestras inteligencias trabajan a favor de los resultados que necesitamos para ser felices, sino que existen engaños de dentro y de fuera de nosotros mismos, que nos van llevando a conductas que, cuando las analizamos en retrospectiva, no hubiéramos decidido por ellas, sin embargo las consecuencias se hacen presentes.

En esta etapa, es donde padres y educadores nos tenemos que poner listos, estar atentos y armarnos con herramientas que sirvan para ayudar a nuestros hijos a que ellos sean fuertes. No podemos vivir por ellos, no podemos optar en su lugar, sin embargo sí podemos ser los facilitadotes de procesos de madurez y crecimiento para que tomen las mejores decisiones.

“Señores, la droga llegó para quedarse”, fue un comentario que en un congreso internacional sobre adicciones escuchamos del representante de la ONU para estos asuntos. Esto no significa que tengamos que quedarnos de brazos cruzados ante la comercialización y distribución de drogas, al contrario, todo lo que podamos hacer será benéfico. Sin embargo, el mensaje del comentario es que necesitamos ocuparnos más de educar a nuestros hijos y a nuestros alumnos para que se quieran a ellos mismos, para que se acepten y se amen, para que se den cuenta que en su interior llevan todas las sustancias necesarias para el bienestar, las sanas relaciones y el disfrute total. Que no necesitan de sustancias externas, ni de amores baratos, ni atragantarse comiendo, ni dejar de comer, para ser valiosos.

Nuestro ataque frontal no tiene que ser a los productos o a las sustancias, sino a la pasividad, a la desgana y el desánimo, al “sinsentido” que vivimos en esta sociedad. Nuestro mundo necesita seres humanos que quieran vivir procesos de crecimiento y desarrollo, que quieran trabajar con calidad, pero esa calidad que parte del interior de la persona, de dentro hacia fuera y no al revés, esa calidad basada en principios que se hacen valores porque se viven cotidianamente. Nuestros hijos y nuestros alumnos necesitan adultos fuertes que sepan qué quieren, que tengan proyectos valiosos y entusiasmantes, que disfruten lo que hacen, que se apasionen en vivir. Esos adultos somos los que hoy estamos aquí.

No se trata de ser modelos que no se equivocan, sino de ser buscadores, luchadores incansables en pro de la vida, de lo que merece la pena, de lo sustancial, de lo profundo.

Entonces viene el milagro, la magia, la paradoja. Entonces es cuando los hijos se hacen fuertes al verse en espejos fuertes, de lo contrario van tomando nuestras debilidades como pretextos para justificar sus flojeras, y nuestro cansancio para ellos no trabajar, y nuestro dinero para demostrar que no necesitan crear nada nuevo sino gastar lo mucho que nosotros ya hemos producido.

Un adolescente o un joven propenso al riesgo, no es el que tiene bajos coeficientes intelectuales o emocionales, sino el que sale bajo en su coeficiente espiritual, el que le falta el sentido de existencia, entonces los resultados afloran y se van encadenando.

Mi vida no tiene sentido, por tanto me siento frustrado, la frustración me lleva de la mano a emociones lógicas: Tristeza y/o Agresión. Si no me adueño de la tristeza y la dejo fluir, ella se adueña de mí y se convierte en Depresión; si no canalizo adecuadamente la agresión para la productividad, ésta se expresa en forma de Violencia. ¿Cómo resuelvo los problemas que tengo de violencia y depresión? Por el camino fácil, droga, sexo, alcohol, comida, belleza, trabajo excesivo, perfeccionismo… y un sinfín de adicciones, que podríamos definirlas como “a-dicción”, o sea, lo que no se dice, como anormal es lo que se sale de la norma, o anorexia es la falta de apetito; adicción puede ser la falta de dicción: lo que no expreso, lo que no digo, lo suplo con una sustancia, con la tele, el videojuego, el chateo, el juego en línea, la cocaína o las 16 horas diarias de trabajo.

Podemos inferir del párrafo anterior que el riesgo es para el tipo de personalidades consideradas débiles o flojas, que irán eligiendo el camino más fácil de los que se le presenten, o al que están acostumbrados, oal que habitan.

El otro camino: me siento mal, me sale algo mal, igualmente me frustro, ante la frustración echo mano de mis Recursos que he ido aculando, por ejemplo situaciones anteriores similares de las que he salido adelante; entonces, me digo; “ahora también saldré de esta”, y lucho para vencer el obstáculo, y salgo victorioso, y no sólo venzo el obstáculo, sino que aprendo para la siguiente, acumulo un triunfo más, mi personalidad se robustece, y sigo viviendo, y me equivocaré muchas veces cada día, pero mi metodología será aceptarlo, expresarlo, compartirlo y afrontarlo, y así cada vez seré más fuerte, más creativo, más dinámico.

Está claro que para elegir esta segunda opción la preparación y el entrenamiento tienen que ser constantes. Primero tenemos que saber que podemos, segundo entrenarnos constantemente en lo que creemos es mejor y tercero amar con creatividad y pasión lo que hacemos.

¡FELIZ VIAJE!

Con mi cariño.

José Luis

Gracias por seguir en contacto:

http://www.dordesa.com/ joseluis@dordesa.com

sábado, 1 de agosto de 2009

La verdadera plegaria

Queridos amigos:


Cada mañana cuando llevo a mis niñas a la escuela, hacemos una pequeña oración, que han aprendido a hacerla con sus propias palabras, como una plática. Y de alguna manera, sin querer corregirlas, sino dejarlas expresar lo que sienten y dicen. Me llamó la atención todo el año, que la más pequeña de ellas, María Escarlett, empezaba siempre diciendo: “Que estés bien…”


Y claro está que me parecía lo más lógico, fuera de toda teología, en su mentalidad de niña, que el primer deseo fuera que “Él, Dios, estuviera bien”…como un saludo, como una forma altruista, como un buen deseo, como una fórmula de comienzo…que en su ingenuidad me hacía sonreír.



Porque, ¿Y si Dios no estuviera bien? Qué importante que Él esté bien, por lo menos Él…que no lo hayan alcanzado las mafias, ni los partidos políticos, ni la influenza, ni el deterioro económico causado por la avaricia de algunos, ni que esté manipulado por los medios que también unos cuantos manejan a su favor.


¡No, por favor, que esté bien! Es lo mejor que nos puede pasar a todos, porque si Él, que es el “Necesario” está bien, los demás, “los seres contingentes”, podemos tener esperanza, ¿O no? ¿A quién más iremos? Así le dijeron los discípulos, cuando Él les dijo que si querían también irse como los demás, a los que les habían parecido duras sus palabras.


¡Qué estés bien! Que oración tan preciosa, qué padre desearle eso al buen Dios, que ha de haber sonreído cada vez que mi hija en su candor se lo decía.


Porque me recuerda el pasaje del Evangelio, cuando van en la barca y el mar se embravece, el lago de Genezaréth se volteaba todo, y ellos piensan que morirán ahogados, mientras Jesús duerme plácido en la barca, se ve que se había desvelado la noche anterior…y ellos asustados lo despiertan, y le increpan, ¿Duermes mientras casi nos ahogamos? Y él, que también tenía lo suyo y como humano le molestaban esas despertadas así de bruscas, pues, les contestó: ¡Hombres de poca fe!, que fue mejor que decirles otra cosa, o por lo menos el evangelista no lo cuenta por pena, pero, Jesús, acto seguido, le gritó al mar ¡Cálmate! Y al viento ¡Enmudece! Y se volvió a dormir, y ellos, quedaron pasmados, sólo pudieron articular al ver que volvía la calma en la naturaleza: ¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?


Y aunque eran miedosos, y con poca fe, habían hecho algo importante, y bueno, “lo habían subido a su barca desde el principio…Él iba con ellos”. Porque sucede que en nuestra vida, siempre habrá oleadas y unas tremendas, pero, si a Él lo embarcamos con nosotros, lo metemos en nuestros proyectos, cuando las cosas se pongan bravas, podremos despertarlo, acudir a Él, pues, Él va ahí también…

Pero, ¿Y si no, y si no lo embarcamos con nosotros? ¿Si ÉL no está bien y dormido plácidamente, y sólo basta despertarlo? Entonces nos viene el miedo y el pánico, estamos solos, y Él no está bien…Él ni siquiera está con nosotros conscientemente.


¡Qué Él esté bien, que venga con nosotros, que siga siendo el que nos llene de entusiasmo, y esperanza, que siga provocándonos la fe!

Y que nosotros tengamos el candor de gritárselo cada mañana: ¡Qué estés bien, porque si tú no estás bien, todos los demás, estaremos amolados, muy amolados, y no sabremos a quien ir ya!


Con mi cariño, y compartiendo con ustedes estos lindos aprendizajes de ser papá:


Juan Ignacio


domingo, 26 de julio de 2009

La silla de ruedas

Una silla de ruedas puede tener diferentes significados, quizás para muchos signifique invalidez, para otros malas noticias, para quien las vende, un producto más, para el que la necesita y no tiene posibilidades de tenerla un anhelo. Para mí tiene un gran significado de encuentro.

Hará unos 30 años que mi abuelo murió. Sus últimos 15 años estuvo en una silla de ruedas. Tengo vivo el recuerdo de llevarlo a pasear por mi pueblo y encontrarse con sus amigos, con conocidos que hacía años que no veía y con imágenes que tenía muy vivas en su recuerdo, pero que hacía tiempo que no contemplaba.
Siento el placer que me experimentaba al serle útil para algo tan sencillo y a la vez tan grandioso.



Han pasado muchos años. Mi pueblo para mí también es un vivo recuerdo constante. Para quien no lo conoce se llama Santa María del Campo Rus, está en la provincia de Cuenca, en Castilla la Mancha, en España. Quizás a ti te de lo mismo este nombre u otro, pero para mí es la viva imagen de mi origen, de mis raíces y de mi vida.



Hoy te escribo desde la casa donde nací, desde el lugar donde viví mis primeros recuerdos y desde el espacio que mis padres ocupan cada día. Hoy la silla de ruedas, vuelve a recuperar su energía en mi mente. En ella se sienta mi padre, y yo detrás la empujo con un inmenso placer de estar con él. Las emociones se cruzan, por un lado el ser útil para mi padre el ir detrás de él platicando, escuchándolo, oyendo relatos antiguos de su vida, me causa una sensación de bienestar inmensa. Por otro el ver que ya no puede caminar, que no se vale por sí mismo, me causa una inmensa tristeza. Entre el gozo de estar con él y la tristeza de su realidad física, está un sentido espiritual que me mueve, que me da fuerzas, que me invita a seguir el camino, a trabajar, a ser buen padre, a luchar por mi pareja, a construir un mundo más sencillo y mejor que el que tenemos. Mi padre me inspira ternura y fuerza ¿Qué más le puedo pedir? ¡Cómo me gustaría que un día mis hijos sintieran por mí lo que yo siento por él!

Y es que amigo lector, según mi experiencia la vida tiene un gran sentido y ese sentido es vivirla con intensidad, disfrutándola al máximo y haciéndolo de tal manera que los demás también disfruten, creando un mundo agradable y amable. Amable es la palabra clave porque se deriva de amor y el amor es lo único que nos hará creer y crear desde lo diferente.

Mi padre y mi madre significan eso para mí: AMOR, amor incondicional, amor a sus hijos, por quienes han dado una vida entera, desde ser proveedores en la pobreza en los pueblos de la España franquista, hasta el compartir lo que ahorran de su pensión para tener un detalle con sus nietos, pasando por aglutinar a hijos y nietos cada vez que estos pueden.

Dar todo lo que tienes, entregarte totalmente, ser incondicional en todas las situaciones, esos son los ejemplos que tengo de mis padres y de mis abuelos. Por eso hoy la silla de ruedas tiene tanto sentido para mí. Por eso desde mi pequeño pueblo de escasos 700 habitantes, donde todos se conocen y donde la vida trascurre de forma sencilla, recorro calle por calle pegado a la silla, con mi padre sonriendo y disfrutando de reconocer a sus amigos, a los vecinos que se acercan a preguntarle por su salud. Y así disfruto mi caminar, mi sentir y mi vivir plenamente esta etapa de mi vida, en la que soy hijo y soy padre, en la que vivo la presencia de mis padres y extraño la de mi mujer y mis hijas, y en la que en pocos días este extrañar será al revés. Pero no importa, pues la distancia compruebo una vez más que no está en el corazón, ni en el alma, porque ahí tenemos cercanía y contacto; la distancia está en lo físico, en los cuerpos, y de nuevo compruebo que eso no es lo más importante, aunque es la forma que tenemos de comunicarnos.

Ojalá que con el ejemplo de la silla de ruedas y mis emociones a su alrededor, pueda trasmitirte un poco de mi interior, y ojalá puedas valorar como valoro yo a mis padres y a mis antepasados, pues son para mí testimonio de lo que merece la pena en la vida. Y Ojalá también que tú y yo podamos significar para nuestros hijos lo que mis padres significaron para mí.


Espero tus comentarios

Con mi cariño.

José Luis

Gracias por seguir en contacto:

http://www.dordesa.com/ joseluis@dordesa.com