sábado, 8 de marzo de 2014

Bumerán

Lo recuerdo muy bien, en la sala de espera del centro médico de mi pueblo. Mi padre, ya bastante avanzado en edad y enfermedad en su silla de ruedas, acompañado por mí; al ponerle la chamarra para salir a la calle, procedí como se hace con los niños pequeños para vestirlos, metí la mano en la manga para tomar su mano y estirarle… expresé en voz alta el comentario: “hay que vestirlo ya como a los niños chiquitos”. Una vecina del pueblo me dijo: “cuántas veces habrá hecho él eso contigo”.

Con frecuencia salimos al campo a pasear y disfrutar de la naturaleza, es una de las diversiones preferidas en nuestra familia. Cuando mis hijos eran pequeños recuerdo haberles ayudado a subir la montaña, dándoles la mano, empujando, cargándolos al caballete y siempre animándolos con la mentalidad de que somos equipo y que nos ayudamos para llegar a la meta.

Hace unas semanas salimos en familia al bosque. Todos los días nos acompañó la neblina y la lluvia, lo cual no impidió nuestros largos paseos en busca de las espléndidas cascadas y paisajes inolvidables que el lugar nos ofrecía, con el único precio de nuestro esfuerzo. Yo iba recién operado del hombro, por lo que caminaba con mucha prudencia y en las húmedas veredas, sobre todo de bajaba, más de un resbalón me di; mis hijas, ya adolescentes se fueron turnando sin ponerse de acuerdo, de modo que en ningún momento del camino me sentí solo, o desprotegido, me tomaban de la mano,ofrecían sus hombros para mi apoyo…

Recordé y les conté la experiencia con mi padre y cómo la vida nos va regresando lo que hacemos y de qué formidable manera se realiza el ciento por uno. Les comentaba que lo que hacemos con amor y lo damos desinteresadamente, se nos regresa de forma abundante y cuando menos lo esperamos.

Ese es el “EFECTO BUMERÁN” (o boomerang para los anglos) haciendo referencia a ese objeto de madera en forma original que si no choca con algo, vuelve a la mano del que lo lanzó.

La vida da muchas vueltas, las personas con las experiencias vividas, con la edad, con el conocimiento adquirido y los motivos personales, vamos modificando estilos de vida, comportamientos, actitudes… y vamos moldeando nuestra personalidad. Quizás nos encontremos con personas conocidas de las que desconocemos algunos aspectos, a veces nos agradarán los cambios, otras nos confrontarán y muchas nos resultaran adversos. Sin embargo, con el tiempo iremos descubriendo que las cosas son como tienen que ser y que la realidad se va mostrando, que de nosotros depende en gran porcentaje cómo la abordamos y el sentido que le damos.

Personalmente pienso que la regla de oro de la mayoría de creencias y filosofías: “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan” y en positivo “haz a los demás lo que quieres recibir de ellos”, sigue vigente.

La invitación es a dar siempre lo mejor de ti y sin duda, recibirás lo mejor de los otros.

Con mi cariño de siempre:

JOSÉ LUIS
joseluis@dordesa.com

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