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martes, 5 de mayo de 2015

Desarrollo humano



Amigos lectores:

En época de elecciones, valdría la pena aprovechar para hablar de civismo, de lo bueno y  lo malo del País, de sus sistemas y secretarías, de lo que producimos y necesitamos, y en fin, de todo lo que nos conforma, pues, ayudaría a la educación en las escuelas y de buena información en los medios, y no sólo el estar oyendo por radio y televisión una sarta de descalificativos y de propagandas nada creíbles, mentirosas, y engañosas.
Luis Ernesto Derbez, rector de la universidad de las Américas Puebla, analizó en una conferencia, que el periódico Plaza de Armas de Querétaro informó el 24 de Abril pasado, sobre la impunidad en México, ofreciendo una serie de datos muy interesantes, entre ellos destaco algo que me llamó poderosamente la atención: “Ni Estados Unidos se salva pues tiene un índice de impunidad del 56.4 % que lo ubica por encima de países como Ucrania, Mongolia o Bosnia. Lo que demuestra según el estudio que la riqueza de los países y sus altas capacidades económicas  de producción, no necesariamente son un factor determinante para que haya más o menos impunidad. En cambio un bajo índice de desarrollo humano, combinado con desigualdad y corrupción, sí son factores comunes en los países con los mayores grados de impunidad”.
Necesitamos urgentemente que cualquier candidato presente un proyecto donde claramente se ataque la desigualdad y la corrupción, pero, en serio, no con pantomimas disfrazadas para calmar ánimos, y por otro lado, el favorecer por todos los medios y en todos los ámbitos el desarrollo humano, que no sólo se refiere a la educación formal, a la consecución de carreras profesionales, y obtención de títulos, sino algo más.




Todas las formas y detalles que hacen que un ser humano se desarrolle, y se desarrolle bien y como tal: Todo lo que enaltezca su espíritu, ya sean palabras, trato, formas, veracidad, belleza, bondad. Y que se produce en todos los ámbitos y de todas las maneras, como un saludo, o despedirse al finalizar las labores, como el hablar por el nombre de las personas, demostrando respeto, como el saber usar los adjetivos propios cuando hablamos. La buena atención en las oficinas, los mensajes de los medios de comunicación, la exigencia en la calidad de sus contenidos, la producción de buenas películas, obras de teatro, y espectáculos que eleven la moral y nutran la necesidad de belleza en el humano.
La consecuencia de los actos en todos lados, que nos lleve a exigirnos más cuidado, y un trato digno a todos. La premiación a colonias que cuiden sus entornos, que los hagan hermosos. El tener una ciudad limpia, ordenada, donde todos vayamos siendo responsables de que funcione el tránsito, y existan los buenos modales. El apoyo a periodistas y editorialistas que nos entreguen información veraz, profunda, sin miedo a represiones. Un estado donde las cabezas, los que gobiernan sean los primeros en el cuidado del desarrollo de su humanismo.
Y donde vayamos desterrando la vulgaridad, la prepotencia, los abusos y el cinismo que lanza el anuncio de que “ni te veo ni me importas”. En fin, un ambiente donde nos sintamos humanos entre humanos, abiertos a la confianza, y el buen vivir.
Porque es el ambiente lo que educa, y el cuidado diario en las instituciones como en las personas de su formación, dado que lo que no se forma se deforma. Y esto ya lo apetecemos todos, ¿O no es así, amigo lector?    
Con mi cariño: JUAN IGNACIO

domingo, 7 de diciembre de 2014

¿NOS AFECTAN SICOLÓGICAMENTE LAS DESIGUALDADES?

Amigos lectores:

Ante los hechos contundentes que afectan a nuestro País, y las preguntas obligadas que todos nos hacemos, preguntando las causas, hay varias respuestas, como la que da Jacobo Zabludovsky en su artículo: “No estamos para fiestas” en Las tres más uno, del 18 de Noviembre del año en curso, donde en un párrafo afirma:
“La pregunta fundamental sigue sin respuesta: ¿por qué? Vivos (no perdemos la esperanza) o muertos, aún no sabemos los motivos para secuestrarlos y borrar sus huellas. Un hecho los une por encima de la edad, vocación magisterial o ser hijos de campesinos: la pobreza. Es la señal común. Combatir la pobreza es la forma de evitar tragedias semejantes. Una mejor repartición de los bienes, mejor acceso a las oportunidades, mayor confianza en el futuro, salud y educación de calidad, es mejor remedio que armamentos letales en manos de policías. La pobreza en México es hoy más agobiante que hace 30 años. De 1984 a la fecha, el 10% de las familias más ricas del país concentran más riqueza: de 33% pasaron a tener 35% del total, de acuerdo con los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares (ENIGH) 2012. Por el contrario, las familias más pobres se mantuvieron prácticamente sin cambios y México se coloca en segundo lugar como país con mayor desigualdad en el mundo, sólo por encima de Chile”.


Pareciera que esto no fuera causa, que la desigualdad generara tanto, que la pobreza llevara a esto. Y sin embargo así son las cosas, porque el ser humano además de “ser” y “estar” tiene el “ex_sistir” o sea, la capacidad de ponerse fuera de sí, y mirarse, o sea de ser consciente, de compararse, de darse cuenta de él, de los demás y de su entorno. Y esta facultad le causa la posibilidad de medirse, y por tanto de envidiar, de encelarse, de acomplejarse, y entonces de desear, ambicionar, o tener rencor. De sentir justicia o injusticia, desde su parámetro humano, social, y moral.
Siempre ha existido esto, desde Caín y Abel, porque es una parte constitutiva del ser humano. De aquí la importancia sicológicamente hablando de cómo educamos desde la familia y en los diversos foros educativos sean sociales, escolares, políticos, religiosos, económicos, etc. Donde todos seamos tratados con respeto, dignidad, y equidad. Un niño siente cuando sus padres, aún sin darse cuenta, prefieren al hermanito, por la razón que sea. Un adolescente se da cuenta de las preferencias de su maestro. Un joven mide las diferencias sociales y las padece. Un adulto sufre las consecuencias de su clase social, género, edad, o preferencia por la causa que sea.

Y no sólo hablamos de lo económico, sino del daño que hacemos a la espina dorsal sicológica del ser humano, “su autoestima”, de donde pueden generarse múltiples enfermedades, como la depresión, el resentimiento, el sentido de no pertenencia, de inutilidad, etc. Con todas sus manifestaciones, y la urgencia de tratarlas para que no causen enfermedades sicosomáticas, o desbordamientos sociales, y tragedias como las que hemos vivido.

Ahí, en nuestro lugar, en nuestra casa, en nuestro entorno, seamos justos, tratemos con dignidad y justicia, con equidad. Provoquemos salud sicológica, alegría y cooperación de todos, reconocimiento a las diversas aptitudes y agradecimiento hasta a los pequeños. Hagamos un ambiente de convivencia y crecimiento que nos den ganas de vivir, de unirnos, de cuidarnos.

Y no dejemos de luchar por una mejor distribución económica, México tiene y lo merecemos.

CON MI CARIÑO:
JUAN IGNACIO CALVA MORALES.

domingo, 5 de octubre de 2014

EL CIELO Y EL INFIERNO

Sin duda hemos escuchado muchas veces la frase: “el cielo y el infierno nos lo hacemos nosotros, aquí y ahora”. Sin menospreciar las creencias de cada quien ni la fe en la vida eterna, pienso que hay una gran carga de verdad en la frase.

Cuántas historias escuchamos a diario que son melodramas o telenovelas con una dosis elevada de acontecimientos trágicos, desde quien no paga impuestos y le cae hacienda, hasta el que le es infiel a su pareja y tiene que ocultar la mitad de la vida por cada lado.

Por mi profesión, escucho con frecuencia en el consultorio historias de verdadero infierno y me pregunto por qué los seres humanos, en ocasiones buscamos el lado más complicado de las cosas y comenzamos con pequeñas mentiras que después se van convirtiendo como la bola de nieve, en enormes secretos que guardar o en angustia y temor a ser descubiertos.

Nunca mejor aplicada la frase: “la verdad nos hace libres”. Cuando no tienes nada que ocultar, cuando puedes dejar tu teléfono en cualquier sitio sin miedo a que vean tus recados o llamadas, cuando regresas a tu casa y puedes hablar con libertad de lo que hiciste o con quien estuviste. Esa libertad que sólo da la verdad es la que nos han mostrado los grandes líderes y las personas a las que admiramos.

El cielo de la libertad, el paraíso de ser quien eres y no tener la necesidad de mostrarte como una máscara toda tu vida, es el gran reto que tenemos los humanos. Vivimos en tiempos en que parece que el infierno predomina, porque salen a relucir los grandes fraudes, los engaños sociales las trampas de las instituciones desde las más profanas a las estrictamente religiosas, pasando por las políticas y familiares.

La buena noticia es que el cielo está al alcance de la mano, o de la mente. Podemos, a través de dirigir nuestro pensamiento, crear el cielo en nuestro interior y a través de la palabra a nuestro alrededor. Merece la pena el esfuerzo, la disciplina constante para reconocer en primer lugar lo que estamos pensando y después tomar la decisión de si la inversión de tiempo y energía que adjudicamos a ese pensamiento merece la pena o mejor lo dejamos fluir y nos empeñamos en un pensamiento más positivo y creativo.



Mi deseo para este año que va finalizando es que cierres de una vez por todas el camino al pensamiento destructivo, al juicio y prejuicio, a la palabra ofensiva y abras la mente a lo que construye, al pensamiento creativo, que da sentido a la vida y que genera en tu hipotálamo los químicos adecuados para el bien vivir y la actitud positiva.

Depende de ti, no es cuestión de que cambien las cosas ni las personas de tu alrededor, tú eres el dueño. Maneja con responsabilidad y decisión tus pensamientos para que vayan a tu favor y no en tu contra.

Con mi cariño de siempre: JOSÉ LUIS
joseluis@dordesa.com

sábado, 8 de marzo de 2014

Bumerán

Lo recuerdo muy bien, en la sala de espera del centro médico de mi pueblo. Mi padre, ya bastante avanzado en edad y enfermedad en su silla de ruedas, acompañado por mí; al ponerle la chamarra para salir a la calle, procedí como se hace con los niños pequeños para vestirlos, metí la mano en la manga para tomar su mano y estirarle… expresé en voz alta el comentario: “hay que vestirlo ya como a los niños chiquitos”. Una vecina del pueblo me dijo: “cuántas veces habrá hecho él eso contigo”.

Con frecuencia salimos al campo a pasear y disfrutar de la naturaleza, es una de las diversiones preferidas en nuestra familia. Cuando mis hijos eran pequeños recuerdo haberles ayudado a subir la montaña, dándoles la mano, empujando, cargándolos al caballete y siempre animándolos con la mentalidad de que somos equipo y que nos ayudamos para llegar a la meta.

Hace unas semanas salimos en familia al bosque. Todos los días nos acompañó la neblina y la lluvia, lo cual no impidió nuestros largos paseos en busca de las espléndidas cascadas y paisajes inolvidables que el lugar nos ofrecía, con el único precio de nuestro esfuerzo. Yo iba recién operado del hombro, por lo que caminaba con mucha prudencia y en las húmedas veredas, sobre todo de bajaba, más de un resbalón me di; mis hijas, ya adolescentes se fueron turnando sin ponerse de acuerdo, de modo que en ningún momento del camino me sentí solo, o desprotegido, me tomaban de la mano,ofrecían sus hombros para mi apoyo…

Recordé y les conté la experiencia con mi padre y cómo la vida nos va regresando lo que hacemos y de qué formidable manera se realiza el ciento por uno. Les comentaba que lo que hacemos con amor y lo damos desinteresadamente, se nos regresa de forma abundante y cuando menos lo esperamos.

Ese es el “EFECTO BUMERÁN” (o boomerang para los anglos) haciendo referencia a ese objeto de madera en forma original que si no choca con algo, vuelve a la mano del que lo lanzó.

La vida da muchas vueltas, las personas con las experiencias vividas, con la edad, con el conocimiento adquirido y los motivos personales, vamos modificando estilos de vida, comportamientos, actitudes… y vamos moldeando nuestra personalidad. Quizás nos encontremos con personas conocidas de las que desconocemos algunos aspectos, a veces nos agradarán los cambios, otras nos confrontarán y muchas nos resultaran adversos. Sin embargo, con el tiempo iremos descubriendo que las cosas son como tienen que ser y que la realidad se va mostrando, que de nosotros depende en gran porcentaje cómo la abordamos y el sentido que le damos.

Personalmente pienso que la regla de oro de la mayoría de creencias y filosofías: “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan” y en positivo “haz a los demás lo que quieres recibir de ellos”, sigue vigente.

La invitación es a dar siempre lo mejor de ti y sin duda, recibirás lo mejor de los otros.

Con mi cariño de siempre:

JOSÉ LUIS
joseluis@dordesa.com

De educación, patologías y otras cosas.

Amables lectores:

El pasado 21 de Febrero del año en curso, Juan Pablo Proal en “Las Tres y un Cuarto” publicó un artículo de análisis, titulado: “Comí con un narco por error”, y en uno de sus párrafos dice lo siguiente: La experiencia nos ha enseñado que la clase política tergiversa, oculta y calla para financiar sus chalets suizos. ¿Cuáles son las consecuencias sociales? Sefchovich las resume con precisión: desconfianza, falta de respeto, olvido, desinterés, doble moral, corrupción, desesperanza. “Los ciudadanos no se sienten con la obligación ni con el deseo de respetar ni a la ley, ni a las instituciones, ni a las investiduras, ni a las autoridades, ni a las personas”.

Y esto, amén de todo lo que en su artículo desmenuza y que lo invito a leerlo totalmente, nos da pistas para que usted, yo, y todos sin seguirle dando muchas vueltas al asunto de la educación tan traída y llevada últimamente, y donde no vemos ningún avance, por más que nos quieran barnizar el tema, lo podamos ir entendiendo.

Cuando hablamos de educación, a qué nos referimos: ¿A capacitar en ciencias, en computación, y poder competir en pruebas y exámenes con otros países? ¿A mandar representantes como en las olimpíadas, a unos cuantos atletas, aunque tengamos los primeros lugares en obesidad y otras enfermedades a nivel País? ¿A tener una apariencia por estructuras, estadísticas, y datos inflados de coberturas? ¿A pregonar que ahora el poder ya no lo tiene un sindicato sino la estructura gubernamental? ¿O a qué nos referimos cuando hablamos de esto?

Porque Sefchovich nos da la clave: Educar es hacer que los educandos se hagan ciudadanos,  que respetan leyes para poder saber vivir en comunidad ciudadana, que respetan las instituciones y forman parte de ellas, que saben obedecer a las autoridades para un día saber mandar, que saben respetar a las personas y con ellas formar una democracia, que saben brindar y recibir confianza, que tienen una memoria histórica, y aman a su País, que serigen por una moral cívica, de no dañarse a sí mismos, ni a los otros, ni a lanaturaleza. Que saben cumplir leyes y hacerlas cumplir, para vivir en la justicia, y que saben gozar y repartir los bienes nacionales para que alcancen para todos y se pueda vivir en paz y en salud pública y privada. Porque lo demás mal educa y enferma.

Lo que educa es el ambiente, lo quevemos, de lo que hablamos y valoramos, y lo que experimentamos como bueno para nosotros y los demás. Y esto además causa salud, pues, como cualquier ser vivo del universo, el ser humano es afectado por su medio en el que vive, y se desarrolla, que lo favorece o que va en su contra.

ISO 9000, este sistema de calidad aplicado a las empresas, habla en primer lugar de las cabezas que es de donde baja la voluntad, la decisión, y el entusiasmo para mejorar la producción y los resultados. ¿Qué quieren las autoridades de nuestro país? ¿Se quiere en serio mejorar la educación? ¿Se quiere mejorar la salud pública? ¿Queremos dejar de hablar de dinero y presupuestos para mirar lo que sí presupone educar?

¿Y usted también lo quiere? ¿Quiere en serio que mejore la educación y la salud entre nosotros?  Preguntémonos entonces cómo está el ambiente en nuestro pequeño mundo de casa, familia, empresa, donde podemos influir y lograr algo mejor y más sano, para que al darnos cuenta de cómo influimos y hacemos cabeza los adultos, podamos decidirnos a cambiarlo que se necesite cambiar, para lograrlo. Animémonos a participar, a romper la cadena del conformismo, sumisión, patologías y mala educación. Que nuestros chicos vean, oigan, y sientan un ambiente de verdad, justicia, y amor. ¡Merecemos algo mejor! ¿No cree usted?

Con mi cariño:

Juan Ignacio

lunes, 15 de abril de 2013

Educar la alegría



En un mundo donde las preocupaciones sobre todo monetarias nos están llevando a perder la alegría de vivir, condimento indispensable de la salud física y mental, conviene que nos preguntemos sobre esta capacidad propia del ser humano, que si los papás la perdemos, perderíamos el mejor recurso para acercarnos a los hijos, educarlos y formarlos.




Y es que la alegría genuina proviene del interior, sí, ahí donde los humanos enfrentamos la vida, y decidimos con qué actitud lo hacemos, y por tanto esta actitud se vuelve un aprendizaje. ¿Qué vemos en los adultos que nos rodean? ¿Con qué actitud papá y mamá, o familiares, afrontan la vida? ¿Escuchamos siempre quejas de la vida, y vemos amargura en los rostros, tensión, gritos, desesperanza? O al contrario, ¿Vemos optimismo, bondad, alegría, y escuchamos que se habla de las cosas buenas de la vida?

La alegría va de la mano del sentido de la vida, y el sentido de la vida es la respuesta que damos cada día: ¿Vale la pena el día de hoy? Y la respuesta se escucha cuando se ve el rostro o los rostros de las personas que amamos. Nuestra familia, nuestro compañero o compañera de vida, nuestros hijos, nuestra madre o padre, hermanos, dan ese sentido, para ellos trabajamos, sudamos, nos esforzamos…y vienen luego los rostros de aquellos para quienes realizamos el trabajo, los clientes, las personas que encontraremos en nuestro trabajo, los clientes internos, en fin, eso que englobamos con la palabra deber, pero, que tiene un rostro, un sentido, una motivación.

Cuando hay alegría se agranda el espacio, es como cuando respiramos profundo y se ensanchan los pulmones, y esto invita a aventurarse en la esperanza. Sí, cuando hay alegría se puede uno echar en los brazos de la esperanza: “Lograremos”, “haremos”, “ sí podemos” “aceptamos”. La alegría es como la luz, no hace ruido, pero en su silencio transforma la realidad. No es lo mismo vivir con gente alegre que con gente triste, tensa, neurótica, que hace la vida con menos espacios, sin esperanza.

Es que la alegría viene de la mano de la sencillez, porque su raíz es el “Ser”, valorarse por la decisión de querer ser, de amar, y por tanto de saber gozar lo que se tiene, lo que se logra, lo que nos rodea, la vida toda. Y esto produce alegría, “hay más gusto en dar que en recibir” decimos y lo comprobamos. Mientras que cuando se confunde y se quiere basar la alegría en el egoísmo, en el tener, dura muy poco, porque esa sociedad basada en la cultura del capitalismo, donde todo es presunción, apantalle, competencia, donde eres valorado por lo que tienes, entonces te lleva a sobrevivir, a desear todo lo que te presentan, a sufrir por querer tener más, a ver lo que te falta, no lo que tienes, y si no lo haces serás calificado como mediocre. Y entonces tienes, pero, no creces, no gozas, sólo presumes, te vuelves superficial.

¿Cómo y en qué queremos educar? Hoy hay ya muchas personas enfermas por esto, porque todo es correr y querer tener, nada alcanza, nada se goza, no hay alegría en el vivir. Queremos que los hijos aprendan muchas cosas, pero, no los educamos, o sea no hacemos que saquen lo mejor que hay dentro de ellos, la alegría y el gozo de ser. Y sin embargo está demostrado que sin alegría no puede haber educación, podrá haber sumisión por un momento, pero, esto no durará, y buscará escabullirse por algún lado. La alegría no somete, sino convence, persuade, transforma, y de buenas maneras logra, porque con el ejemplo invita y educa.

Y como todo lo bueno, se aprende mejor en equipo, en familia, en comunidad, de aquí que proponemos algunas cosas prácticas que pueden servirnos para realizar esta educación de la alegría en nuestras familias:

1. Hacer la campaña de  “Los 21 días sin  quejas”, de manera que usando un brazalete en la muñeca de la mano, cuando nos demos cuenta que nos estamos quejando de algo de la vida o circunstancias nos cambiemos el brazalete de mano, y así tomemos conciencia de qué tan quejumbrosos somos, hasta que logremos no hacerlo. ¿Bastarán 21 días para acostumbrarnos?

2. Leer en familia, o grupo, el libro de “Polliana”, y comentarlo, sacar conclusiones, pues, esto nos ayudará a ver lo positivo de la vida, a tener buen humor, alegría.

3. Formar con las amistades, “la sociedad de la alegría” como hizo Domingo Savio, un joven alumno de Juan Bosco el gran pedagogo, y que supo así, gozar la vida, proponiéndose entre ese grupo, vivir siempre alegres, a pesar de las circunstancias de la vida. ¡Imagínese usted con un grupo de amigas o amigos así de alegres¡

4. Todas las noches en familia, hablar de las cosas buenas que nos sucedieron o hicimos durante el día, acostumbrando así a los hijos a hablar y fijarse en lo bueno.

5. Proponernos escuchar a las personas desde la filosofía positiva, ayudándoles a descubrir lo que no han visto, a escuchar lo que no han oído, y fijarse en lo bueno que tiene eso que les ha sucedido, de manera que la alegría se extienda entre nosotros.

6. Cuidarnos de no caer en “el círculo de las noventa y nueve” el cuento que Jorge Bucay narra, donde se esfuerza uno por conseguir el 1%  que falta sin gozar el 99% que se  tiene.

Porque la alegría es una emoción, un sentimiento que si no se cultiva, se muere, entre las ramas de la tristeza, desesperanza, amargura, queja, mal humor, neurosis, tensión, estrés, que se escucha con frecuencia en todos lados, o se mira en los rostros de gente que nos rodea, o en los noticieros amarillistas, creando un ámbito negativo y enfermizo. Como el humo del cigarro que aunque no lo fume directamente, te afecta.

Propongámonos desde hoy, ser alegres, sencillamente alegres, con una alegría real que nos salga del interior, de nuestro ser, volviéndonos tan sencillos que todos se sientan a gusto con nosotros, valorados y apreciados, y el mundo y la vida nos

sonreirán también.

Con mi cariño: JUAN IGNACIO

lunes, 1 de marzo de 2010

El arte del buen vivir

Amigas y amigos:

Mucho gusto en saludarlos y leernos en estos modernos medios, que ya nos van dando la vuelta sin que nos demos cuenta…y lo digo porque ahora ya son ellos los que nos leen a nosotros, y nuestra lectura pasa a otros aparatos que registran si somos buenos o no, dignos de entrar en tal país, tal edificio, tal departamento de estado, o no, y entonces nos juzgan y de ese juicio dependemos, aún si están equivocados los datos que nos han leído, para poder ser aceptados o no…

Y eso se va volviendo muy interesante, pues, ahora el juego de muchos está en poder crear lecturas equivocadas en dichos aparatos de los que dependemos, y poder pasar tramposamente, sin ser captados. El famoso juego de ladrones y policías moderno.

“Antiguamente se trataba de burlar a los guardias del palacio…ahora se trata de burlar el palacio de los guardias”, ese lugar donde los aparatos hacen todo o casi todo, y mandan información a tal velocidad, y a tantas partes, que de inmediato los datos capturados, o sea, nosotros hechos dígitos, símbolos, y signos, somos leídos por muchísimas máquinas alrededor del mundo.





Y no sólo pasa esto en los aereopuertos, no, hay colonias con receptores, calles con cámaras, y muchos lugares donde hemos ido dejando huellas de nosotros, documentos, firmas, fotos, y todo un legado donde podemos ser “leídos”. ¿Agradable no? Somos famosos, por lo menos no ignorados, desapercibidos, sino “alguien”… ¿Para quién? Para las máquinas, porque sólo que nos hagamos interesantes o sospechosos por un suceso, buscarán en los archivos y podrán saber de nosotros muchas cosas, apareceremos… sí, nosotros los que nos creíamos conocidos, estaremos sepultados en un cúmulo de archivos, peor y más intenso que la arena que nos cubra en la sepultura del cuerpo.


Entonces ¿No nos ha ayudado al “Buen Vivir”? No, porque ha sido creado todo eso, para detectar el “Mal vivir”. Y nuevamente nos topamos con que el buen vivir y su lectura, es algo tan personal, de interés y convencimiento tan propio, que a nadie que no seamos nosotros le interesa. ¿Usted vive bien, le interesa cuidarse, vivir y vivir bien? ¿Invierte usted tiempo en lograr vivir bien? ¿En poder leer la vida, leer la naturaleza, leer el día, leer al prójimo que escribe en su actuar y en su manifestarse, lo que nos quiere decir? ¿Y de esa lectura hace usted momentos fascinantes, que no puede dejar de leer, por lo entusiasmante que encuentra la vida? ¿Es para usted la novela más interesante?


Porque ahora el problema al que nos estamos acostumbrando es más bien, que nos fascina el “mal vivir”, lo que causa conmoción, lo que aterroriza, lo que no nos nutre, sino nos quita energía y vida, confianza, placer, y ganas de vivir bien…porque eso es lo que tenemos a diario, la presentación que nos hacen las máquinas, la lectura de la vida que nos presentan en máquinas, hiladas por alguien que se dice comunicador, pero, que en realidad sólo va hilando lo que captaron las máquinas, sin ninguna reflexión seria, profunda, o sea sin ninguna verdadera lectura de la vida, sino más bien presentación abrupta de una parte de la realidad captada.
Y nos vamos volviendo analfabetas de la vida, es más, nos va aterrorizando la vida, esa vida que vemos, que nos presentan, pero, que ni es toda la vida, ni tiene una lectura completa, sino que es arrojada sobre nosotros, y que entonces nos va haciendo daño, porque al no saber leer imágenes, ni mensajes, ni saber decodificar todo ese brutal archivo de datos que nos presentan, se nos atraganta, no podemos asimilarlo, nos hace daño, y se nos queda según la receptividad de cada quien, por mucho tiempo, sin que fluya.


De ahí, la necesidad de “vivir bien”, o sea, con poco, sin volvernos obesos psicológicos por tanta imagen sin digerir, tanta grasa en nuestras venas emocionales, tanta presentación sin poder leerla para asimilarla. Necesitamos hacer ejercicio de ver otras cosas, de no sentarnos ante las máquinas, de no ser receptores de máquinas, sino de personas, de buscar conversaciones profundas, diálogos. De reflexionar, que es como masticar para poder digerir y alimentarnos. De hacer lectura de nuestras realidades en comunidad, en familia, para encontrarles el significado, y vivir. De poder enfocar el pedacito de nuestra vida, en la vida total, y podernos situar así como humanos con una historia, formando una humanidad. De darle el significado que requieren los días, las personas, los acontecimientos, y poder así responder, hacernos responsables, dar respuesta a lo que nos provoca, llama, e interroga la vida.


Y hoy por hoy, es mi invitación amigos, a que vivamos bien, o sea, a que no nos volvamos obesos como los obesos físicos, que no pudieron escoger su alimento bueno, que comieron a gran velocidad, que se atragantaron por las prisas, sin poder digerir bien, y que formaron grasa en su cuerpo a base de no tener una cultura en el comer, ni una disciplina, ni oportunidades mejores.

Comieron alimento de máquinas, no de hogar…alimento comercial, no de casa. Tememos por la obesidad física, pero, la obesidad sicológica, emocional y espiritual es mayor, y hay millones en nuestro país, por lo que nos están sucediendo todas esas cosas terribles que hoy lamentamos. Porque igual nos pasa, que todo nos viene de máquinas, del comercio, de este capitalismo salvaje en el que estamos metidos, sin ninguna cultura de apagar aparatos, de platicar, de descifrar y saber leer la imagen, de masticar para nutrirnos.


Gracias amigos, y ojalá vuelvan a nosotros las ganas de vivir mejor, reflexionando sobre esto.


Con mi cariño: Juan Ignacio

martes, 16 de junio de 2009

Metodología

Amigas y amigos:

Todos sabemos que la palabra método cuya etimología viene del griego, y significa “camino”, es aplicado en nuestros días, para referirnos sobre todo al estudio, por lo que escuchamos seguido, “metodología de estudio” dando a entender un camino más rápido en el aprendizaje.
Desde luego que esto se podría aplicar a otras cosas, como, método para hacer algo, o método de vida, para referirnos a algo más general.

Hoy quiero hablarles de una metodología para el aprendizaje en grupos, para talleres, para conferencias, pero, que igualmente puede aplicarse para la vida, porque al decir de Aristóteles, “el chiste de la vida humana, no es sólo vivir, sino vivir bien”, y vivir bien significa también “con gozo”, por lo que requiere de ciertos ingredientes que lo consigan, y que precisamente son de los que vamos a hablar.

Cielo
Foto tomada por René Delgado Cachuex
http://www.flickr.com/photos/rene_delgado_cacheux/

“Saber estar”, “Lograr involucrarse”y “Querer sacar algo bueno de ahí”

Y nos referimos a los tres pasos que sacados de la experiencia del ser humano moderno, nos llevan a descubrir que sin ellos, difícilmente se podrá lograr ese objetivo:


Primero: “Saber estar” o sea, estar donde estamos y con los cinco sentidos. Ya los Romanos decían: “Age quod ages” (Haz lo que haces…) ni jaloneados por el futuro, ni atorados por el pasado, sino sencillamente viviendo el “presente” el regalo de cada día, de ese momento. ¡Estar ahí! Usted tendrá por experiencia propia o ajena, las veces que ha estado sin estar ahí, no por un don de ubicuidad, sino por estar sólo de cuerpo presente, pero, con la mente y el corazón en otra parte, o lo habrá visto en condiscípulos, pues, bastante común es en la adolescencia, estar en clase, participando en otro evento muy lejos de ahí…y con otros actores…Hoy es muy común esto, no ha habido el acompañamiento en niños, de una madre o abuela, sentada junto a ellos por las tardes, ejercitando el concentrarse en lo que hacen, gozando lo que dibujan, atentos a lo que estudian, enseñándoles a estar, a gozar, a vivir su momento presente, a ejercitar “su poder del ahora”. Y sufrimos hoy de una cantidad enorme de niños con “déficit de atención”, o niños “hiperactivos”, o niños “índigo”, niños “cristal” etc.


Segundo: “Lograr involucrarse” que quiere decir, interesarse de lo que se trata, participar, preguntar, hacer los ejercicios, meterse en el tema, escribir, subrayar, jugar, porque sólo así, “haciendo”, aprendemos. Y no hablo sólo de un aprendizaje racional, sino de un aprendizaje emocional, significativo, porque el proverbio dice: “Echa tu corazón a la barra y te seguirá todo tu cuerpo”, o sea, métete de lleno a algo, y no habrá ni aburrimiento, ni pereza, ni ensoñación, sino encuentro, encuentro con ese tema, con esa lectura, con esa clase, con ese aprendizaje.


Tercero: “Querer sacar algo bueno de ahí”, aprender algo, llevarse algo útil, estar a la caza de algo que nos sirva, porque nuestro tiempo vale mucho, y no podemos desperdiciarlo. Pero, hay que quererlo, hay que programar la mente para esto, para que esté en búsqueda de algo que le sirva. La mente trabaja por finalidades, y hay que lanzarla a que encuentre su búsqueda. Para algo vine, para algo estoy aquí, para algo me tiene que servir esto. ¡Me voy a llevar algo bueno, útil, práctico, de esta clase, de esta conferencia, de este taller, de este libro!


Cuando nos disponemos de esta manera, y cumplimos estos tres pasos, el camino del aprendizaje, es más corto y seguro. Pero como decimos: No sólo el aprendizaje programado, sino el existencial, el que va dando a nuestras vidas una experiencia.
Y precisamente del tiempo bien utilizado, brota la posibilidad del crecimiento y de la madurez. Porque ciertamente, alguien que sabe estar, que se involucra y saca algo de todos sus encuentros, puede sentirse satisfecho, contento, y con más sabiduría, o sea con más posibilidad de ir saboreando la existencia.


Es ahora, en este momento de tanto apresuramiento, de tanta superficialidad, y de tanto tiempo perdido, que quiero compartir con ustedes, amigos lectores, esta metodología, este camino que les puede servir y facilitar grandemente, su aprendizaje, sus talleres, su vida misma. Porque sirve igual en las relaciones humanas y más en las de pareja: Sólo alguien que está presente con el otro, lo puede hacer sentir acompañado…Sólo quien se involucra con el otro, puede sentir el amor…y sólo quien tiene la finalidad del encuentro, puede conseguirlo.


Ciertamente esto exige disciplina, pero, es la disciplina misma que nos exige la vida, porque nuestro ser espacio temporal, no puede vivir de otra manera que utilizando bien sus sentidos, metiéndose de lleno a su trabajo, y buscando la finalidad deseada. Es la misma disciplina que requiere una amistad. Sencillamente esto. ¿Será acaso, que al haber perdido una metodología así, hemos perdido el ser amigos, y por eso hoy encontramos más “cuates”, “compañeros” o “cómplices” que amigos?


Esto es para pensarse y para practicarlo. ¡Se los recomiendo amigos! Es sólo la propuesta de un camino que nos acercará a nuestros fines. Si lo practican, ¿Nos podrán platicar sus logros?


Con un fuerte abrazo

JUAN IGNACIO