sábado, 3 de octubre de 2009

Facultamiento: el reto de crear ambientes sanos

Facultamiento es una palabra que se ha puesto de moda en los ambientes empresariales y que significa “DAR PODER”. Facultar es dar el poder de actuar a las personas, es hacer énfasis en el poder personal que cada uno poseemos y que se puede poner al servicio de un equipo, de un grupo o de una comunidad.


Me gusta una definición de FACULTAMIENTO: “crear un ambiente donde fluyan los conocimientos, la experiencia y los motivos personales de cada uno”.

En los grupos humanos, desde el más pequeño que puede ser la pareja, hasta los más sofisticados equipos de trabajo, pasando por grupos de amigos, familias establecidas o equipos de fútbol, todos los integrantes tienen conocimientos de diversos temas, además todos han vivido experiencias personales distintas y cada uno tiene sus motivos para vivir.

Cuando el ambiente de un grupo es tenso, autoritario o centrado sólo en resultados productivos, las relaciones son de poder y las personas actuamos por miedo o presión. Sin embargo, si en un ambiente se dejan fluir los conocimientos de todos, se escuchan las experiencias vividas en circunstancias especiales por cada uno y se deja que afloran los motivos personales que se tienen para hacer una cosa u otra; entonces las acciones lejos de basarse en el miedo, se basan en el espíritu creador de cada individuo, se viven las acciones con pasión y los resultados de todo tipo aumentan.




Pongamos el ejemplo de una familia que quiere hacer un fin de semana de convivencia:


1.En el primer caso el padre o la madre imponen lo que se va a hacer, dónde irán, qué comerán y los horarios que todos deben cumplir. El pronóstico de esta convivencia variará considerando la edad y condición de cada miembro, pero si hay adolescentes, lo más seguro es que haya malas caras, descontento y la convivencia no sea gozosa para todos.


2. Pongamos la misma familia en acción, donde los padres preguntan que dónde se la pasan mejor juntos toda la familia (habla cada uno de sus experiencias pasadas en las que han disfrutado), por otro lado preguntan si alguien sabe de lugares diferentes que no conozcan (pueden surgir ideas de lugares a los que hayan ido amigos, esto es el conocimiento), y por último preguntan qué les gustaría hacer (motivos personales). Es muy probable que esta reunión tenga mejores frutos que la anterior y que todos puedan gozar de la convivencia.

Crear ambientes donde fluyan estos tres elementos: conocimientos, experiencia y motivos personales, es así como dirigir toda la energía de un grupo para lograr juntos objetivos comunes. Esto es un reto en un mundo lleno de grandes EGOS que quieren brillar por sí mismos y con frecuencia ese brillo depende de la oscuridad de los demás. Por ejemplo con frecuencia en las campañas políticas los argumentos de un candidato son las debilidades del otro, y hablar y publicar los defectos del contrario me hacen fuerte.




En las familias en los salones de clase, en los grupos de apostolado de las iglesias, en las comunidades, etc. También se da este juego de poder. Lo que aparentemente se hace para beneficiar a otros en el fondo es para estar yo arriba, para brillar, para llevarme las palmas y los otros que se queden entre bambalinas o que ni siquiera figuren. Muchos de los dramas de las parejas son un juego de poder donde salen los peores elementos de cada uno de los miembros y en lugar de que se de energía en la relación, sólo se da destrucción.


Por eso es importante el FACULTAMIENTO, el permitir que fluya esa energía que todos llevamos dentro a través de nuestros motivos. La motivación no es algo de fuera que me tienen que dar, es algo de dentro de mí que fluye hacia fuera y va inundando de vida todo lo que toda. El fluir del conocimiento es la posibilidad de que lo que tú sabes, lo pueda aprovechar yo y viceversa. Es apertura mental a lo diverso a lo que otros saben de forma distinta a como yo lo aprendí, es abrir mi corazón para comprender que el otro es otro y que juntos podemos lograr mucho más, siempre mirando el objetivo de la mejora de todos y no sólo de mis intereses. Dejar fluir la experiencia implica escucha, poner la oreja atenta a lo que el otro ha vivido y vive, con su estilo, con su ritmo, con sus posibilidades, sin juicio, sin segregamiento, simplemente valorando cada experiencia como única.

Facultar es entonces abrirnos al espíritu, a la diversidad con las ganas inmensas de aprender, de crecer, de gozar de la gran riqueza que juntos generamos y no quedarnos encerrados en el fanatismo de nuestra única verdad, que siempre será pequeña comparada con la riqueza y variedad del universo.

Con mi cariño.

José Luis

Gracias por seguir en contacto:

http://www.dordesa.com/ joseluis@dordesa.com

domingo, 20 de septiembre de 2009

Respuesta efectiva

Nuestro mundo lo hemos ido construyendo a través de la interacción de nosotros, los humanos, con las demás especies. Gracias a los dones que tenemos como especie, y a su desarrollo a través del trabajo interior y exterior, hemos logrado un gran nivel tecnológico y una facilidad para “hacer cosas” que probablemente la mayoría no soñábamos hace veinte años.

Sin embargo así como la cizaña y el trigo, el quelite y el maíz, junto con lo deseable, crece lo que no nos agrada. Cuando tomamos un antibiótico, éste ataca las bacterias que nos causan dolor o malestar, pero a su vez ataca también células sanas que nos protegen.

El equilibrio y la valoración que de cada acción hacemos, nos van llevando a la madurez, y logramos así, la mayoría de las veces, hacer cosas que nos favorecen y contenernos para dejar de hacer las que nos perjudican.

Sin embargo sabemos que en ciertas etapas de nuestra vida, como es en la adolescencia, no todas nuestras inteligencias trabajan a favor de los resultados que necesitamos para ser felices, sino que existen engaños de dentro y de fuera de nosotros mismos, que nos van llevando a conductas que, cuando las analizamos en retrospectiva, no hubiéramos decidido por ellas, sin embargo las consecuencias se hacen presentes.

En esta etapa, es donde padres y educadores nos tenemos que poner listos, estar atentos y armarnos con herramientas que sirvan para ayudar a nuestros hijos a que ellos sean fuertes. No podemos vivir por ellos, no podemos optar en su lugar, sin embargo sí podemos ser los facilitadotes de procesos de madurez y crecimiento para que tomen las mejores decisiones.

“Señores, la droga llegó para quedarse”, fue un comentario que en un congreso internacional sobre adicciones escuchamos del representante de la ONU para estos asuntos. Esto no significa que tengamos que quedarnos de brazos cruzados ante la comercialización y distribución de drogas, al contrario, todo lo que podamos hacer será benéfico. Sin embargo, el mensaje del comentario es que necesitamos ocuparnos más de educar a nuestros hijos y a nuestros alumnos para que se quieran a ellos mismos, para que se acepten y se amen, para que se den cuenta que en su interior llevan todas las sustancias necesarias para el bienestar, las sanas relaciones y el disfrute total. Que no necesitan de sustancias externas, ni de amores baratos, ni atragantarse comiendo, ni dejar de comer, para ser valiosos.

Nuestro ataque frontal no tiene que ser a los productos o a las sustancias, sino a la pasividad, a la desgana y el desánimo, al “sinsentido” que vivimos en esta sociedad. Nuestro mundo necesita seres humanos que quieran vivir procesos de crecimiento y desarrollo, que quieran trabajar con calidad, pero esa calidad que parte del interior de la persona, de dentro hacia fuera y no al revés, esa calidad basada en principios que se hacen valores porque se viven cotidianamente. Nuestros hijos y nuestros alumnos necesitan adultos fuertes que sepan qué quieren, que tengan proyectos valiosos y entusiasmantes, que disfruten lo que hacen, que se apasionen en vivir. Esos adultos somos los que hoy estamos aquí.

No se trata de ser modelos que no se equivocan, sino de ser buscadores, luchadores incansables en pro de la vida, de lo que merece la pena, de lo sustancial, de lo profundo.

Entonces viene el milagro, la magia, la paradoja. Entonces es cuando los hijos se hacen fuertes al verse en espejos fuertes, de lo contrario van tomando nuestras debilidades como pretextos para justificar sus flojeras, y nuestro cansancio para ellos no trabajar, y nuestro dinero para demostrar que no necesitan crear nada nuevo sino gastar lo mucho que nosotros ya hemos producido.

Un adolescente o un joven propenso al riesgo, no es el que tiene bajos coeficientes intelectuales o emocionales, sino el que sale bajo en su coeficiente espiritual, el que le falta el sentido de existencia, entonces los resultados afloran y se van encadenando.

Mi vida no tiene sentido, por tanto me siento frustrado, la frustración me lleva de la mano a emociones lógicas: Tristeza y/o Agresión. Si no me adueño de la tristeza y la dejo fluir, ella se adueña de mí y se convierte en Depresión; si no canalizo adecuadamente la agresión para la productividad, ésta se expresa en forma de Violencia. ¿Cómo resuelvo los problemas que tengo de violencia y depresión? Por el camino fácil, droga, sexo, alcohol, comida, belleza, trabajo excesivo, perfeccionismo… y un sinfín de adicciones, que podríamos definirlas como “a-dicción”, o sea, lo que no se dice, como anormal es lo que se sale de la norma, o anorexia es la falta de apetito; adicción puede ser la falta de dicción: lo que no expreso, lo que no digo, lo suplo con una sustancia, con la tele, el videojuego, el chateo, el juego en línea, la cocaína o las 16 horas diarias de trabajo.

Podemos inferir del párrafo anterior que el riesgo es para el tipo de personalidades consideradas débiles o flojas, que irán eligiendo el camino más fácil de los que se le presenten, o al que están acostumbrados, oal que habitan.

El otro camino: me siento mal, me sale algo mal, igualmente me frustro, ante la frustración echo mano de mis Recursos que he ido aculando, por ejemplo situaciones anteriores similares de las que he salido adelante; entonces, me digo; “ahora también saldré de esta”, y lucho para vencer el obstáculo, y salgo victorioso, y no sólo venzo el obstáculo, sino que aprendo para la siguiente, acumulo un triunfo más, mi personalidad se robustece, y sigo viviendo, y me equivocaré muchas veces cada día, pero mi metodología será aceptarlo, expresarlo, compartirlo y afrontarlo, y así cada vez seré más fuerte, más creativo, más dinámico.

Está claro que para elegir esta segunda opción la preparación y el entrenamiento tienen que ser constantes. Primero tenemos que saber que podemos, segundo entrenarnos constantemente en lo que creemos es mejor y tercero amar con creatividad y pasión lo que hacemos.

¡FELIZ VIAJE!

Con mi cariño.

José Luis

Gracias por seguir en contacto:

http://www.dordesa.com/ joseluis@dordesa.com

Taller de Inteligencia Emocional

No todos los centro educativos invierten tiempo, dinero y energía en formar a su personal. El Liceo del Valle de Toluca, situado en Metepec Estado de México, lo caracteriza el estar consciente de la importancia de brindar conocimiento a sus personal, alumnos y padres de familia.
Esta actividad hace la diferencia entre las instituciones educativas, pues mientras unas se estancan, otras están en constante desarrollo.



Podemos ver en las imágenes la creatividad hecha realidad y proyecto para presentarse en el aula y en la oficina con espíritu renovado y con una actitud positiva que logra integrar cada vez más una COMUNIDAD EDUCARTIVA. Por su puesto que no se trata de magia sino de esfuerzo constante, voluntad de servicio y de convecciones profundas.

Gracias por permitirnos al equipo de DORDESA, participar en esta gran labor educativa.

Taller desarrollado en julio 18 de septiembre de 2009.