miércoles, 31 de agosto de 2011

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE, ES UN LIBRO

Amigos, qué gusto saludarlos en nuestra página, y poder platicar con ustedes a través de este artículo, sobre un baño de humanismo que me di en una tarde de este Verano.

Allá en Aguas Calientes, después de un taller dado a los maestros de un prestigiado colegio de esa ciudad, y de una sabrosa comida de trabajo, en “Las Gambas” (Donde me enteré que así se les dice en España a los camarones), restaurante famoso lugareño, pude pasear por las calles del centro de esa ciudad, en una tarde sin prisas, sin pacientes en espera, sin proyectos en la computadora, sin cursos, porque aunque sí los hay, pude darles un lugar de espera…

Mientras mi compadre saludaba a un familiar, yo, ahí, caminando entre los transeúntes, mirándolos, dándome el tiempo para entrar en las iglesias, admirando cuadros, vitrales, como el mural de la Virgen del Rosario dándoselo a Santo Domingo, enlazándolo a él, en Europa, y a los Dominicos de América, separados por el mar, donde el pintor aprovechó un vitral trasero de la iglesia por donde efectivamente entra al atardecer un mar, pero de luz, haciendo supongo yo, el juego con lo que quiso el pintor, del caudal de gracias que se reciben con ello.

Y caminando caminando, me topé con unos lugares de “venta de libros usados”, y me introduje en uno de ellos. Y ahí estaba el librero, pasando libros de un lugar a otro, con su característica estampa: Estatura media, lentes gruesos, polvo en el cabello haciéndole ver más canas, ojos risueños, y voz acogedora para el que entrara, acomedido a dar la bienvenida. Y esa estampa y el saludo, me invitó a seguir el encuentro, bromeando, inquiriendo… ¿Un negocio de venta y compra de libros usados, se imagina usted? ¿Negocio? ¿En una época en que luchamos para que la gente lea? ¿Vive usted de esto, es negocio? ¿Tiene usted hijos que alimentar? ¿No lo ha despedido su esposa? Y me desbordé con preguntas que provocaran respuestas, como si fueran manos restregándome los ojos para abrirlos y ver algo más que un sueño, era Don Quijote con su Dulcinea…

Mire usted, me dijo, leí mucho desde niño, y desde los catorce años me he metido en esto, sí, tengo tres hijos, ya jóvenes, estudiaron, ahora trabajan, dos casados, la jovencita en Guadalajara, mi esposa se dedica al hogar, éste es mi hobbie, y ahora entre esto y mi pensión, vivimos bien.

Y en serio lo vi bien, lo vi alegre, lo vi vivo, alejado de la ambición, apasionado por sus quehaceres. Yo me senté, pasmado, a escucharlo. Y entonces, como un amante que aprovecha toda ocasión, sacó unas hojas, y me invitó a escuchar algo de sus escritos, y empezó por un poema titulado “Libro de segunda mano”:

El silencio de las palabras

Dormidas, cansadas,

Esperando ser despertadas,

En el alba de otras manos…

Y siguió desgranando la poesía, un bello poema, declaración de amor a lo que hacía:

Yo amo los libros de segunda mano

Porque son en mi vida compañeros de viaje

En muchas jornadas, ni soledad ni desengaño

Porque el libro en la mano

Es amigo fiel que no engaña…

Lo seguí escuchando, leía con entonación, acompañando la voz con la mano, seguido de sus gestos faciales, como en una danza, porque había ritmo, verdad y pasión.

¿No es esto, acaso, lo que necesitamos para vivir: Ritmo, Verdad y Pasión?

Habían llegado por mí, me despedí entusiasmado, asistí a un milagro, en este tiempo de narcos, crímenes, dinero, carreras, presiones, engaños, intereses, ante mí, un hombre enamorado.

Caminé y manejé, pero, sigue en mi recuerdo el encuentro con este Quijote vivo, que a sus años, sigue con su amor, sigue creyendo en lo que hace, sigue metido en lo esencialmente humano.

Y en los estrechos pasillos de su vieja librería, como si fuera un gran foro, ante la mirada de miles de viejos sabios, almacenados, había recibido yo, un espectáculo maravilloso de humanismo. Más allá de los factores económicos y sociales, del qué dirán y cuánto ganas, un ser humano, erudito, apasionado, sirviendo al desarrollo humano, cabalgando en la poesía, sonriente, con donaire, locura y utopía.

Con un fuerte abrazo: JUAN IGNACIO.

domingo, 24 de julio de 2011

Julio, un mes muy importante

Amigos, hoy los saludo, y quiero al escribir y leernos, hacer notar la importancia del mes de Julio, no porque los demás meses no la tengan, pues al contrario, la mayoría de ellos son tan importantes que ya están etiquetados con algún festejo, o día dedicado a algo sobresaliente, y del cual se hace comercio, desde luego. Pero, resulta que Julio, cae hacia la segunda mitad del año, cuando hay vacaciones escolares, y donde se sale, se pasea, y el tiempo, las efemérides, y los deberes quedan un poco en el olvido.

Pero, precisamente por eso, es importante este mes, porque al salir de una rutina diaria, nos hace encontrarnos con esas partes que nosotros mismos hemos limitado por dar prioridad a otras que nos parecen del interés inmediato, dejándolas para cuando haya tiempo, y cuando hay tiempo, o sea ahora, en vacaciones, se nos olvida, o nos resulta difícil, por el miedo o la pereza retomarlas.

Hoy me refiero concretamente, a “las amistades, a las verdaderas”, no a las que nos lleva a encontrarnos el diario convivir, o a encararlas por el salón de clases, o que llamamos así, aunque sean más bien compañeros, camaradas, o conocidos.

Hay un día en el mes de Febrero que celebra la importancia de la amistad y el amor, pero, todo el resto del año, nos queda para realizarla, para ejercitarnos en esa amistad, para cultivarla. Y eso es lo que no hacemos, y entonces poco a poco, nos vamos encontrando en un mundo pletórico de gente, con más de cinco mil millones de desconocidos sobre la tierra, con quienes tal vez nos atrevemos a escribir por el correo electrónico, pero, con quienes no nos atrevemos a vernos cara a cara, a platicarnos, a dar y recibir. Hoy más que nunca somos una “multitud solitaria de seres humanos”, y esto con todas sus consecuencias.

Y es que si queremos cambiar nuestra cultura, o sea, esto que cultivamos y que nos ha dado por resultado aislamientos enfermizos, encerramientos patológicos, incomunicación, quien dijera en esta época, y depresiones al por mayor, o el temor a todo, la desconfianza entre todos, el desinterés por el de al lado, el desconocimiento del vecino, y al rato el susto de quiénes nos rodeaban. Pues, entonces tenemos que ya no hacer lo mismo, si queremos distintos resultados.

Y esto es precisamente lo que necesitamos, y a lo que hay que dedicarle tiempo, ya que, la verdadera amistad requiere de tiempo, para expresar nuestros sentimientos, y para recibir los del otro, para tejer con humildad, la necesidad y dependencia mutuas, para llenar las horas de nuestra existencia, cargándolas de sentido, de compañía, de confianza y buen humor, de salud y alegría.

“Aprender a recibir amistad nos puede conducir a un verdadero dar”. En general tenemos miedo de que la gente nos conozca y encuentre algo que les disguste y nos rechace. Hay quien su única manera de dar es haciendo favores, buenas gentes, pero, desconocidos. Con una gran barrera en la verdad sobre ellos mismos, su realidad, y por tanto sin poder dar paso a un acercamiento verdadero, a una intimidad, o a un verdadero encuentro. Hay que aprovechar este mes, estas vacaciones, para enseñar a los hijos a visitar a las amistades, a dedicarles tiempo, a recibirlas, a provocar el encuentro profundo, a saborear el estar juntos, el quitar barreras para tener en la vida verdaderas amistades. Pero, esto hay que planearlo, hay que educarlo, hay que realizarlo como parte de la aventura vacacional. ¡Aprovechemos Julio, un mes para lo profundo!

Con mi cariño: JUAN IGNACIO.