Aunque es el
título de una obra de teatro escrita, dirigida y actuada por Odín Dupeyrón, y
de ahí me inspiré para escribir este artículo, corresponde a una filosofía de
vida que comparto y que básicamente consiste en hacerte dueño y responsable de
tu vida, tomar las decisiones que creas conveniente, no culpar a nadie más de
tu existencia, ni siquiera a quienes te dieron la vida física o te educaron y
jugar con las cartas que ahora tienes en la mano.
Me habían
hablado de la obra, tenía ganas de verla y por fin fui invitado por Ili, mi
mujer, a verla; me gustó ver el teatro en Querétaro lleno, pues habla de una
ciudad que va tomando conciencia de que lo profundo, lo esencial y lo vivo
merece la pena. La experiencia interior mientras transcurría este monólogo,
interpretado maravillosamente según mis gustos, fue sensacional. Fui entrando
en sintonía de menos a más, cada frase, cada ejemplo, cada movimiento resonó en
mí de esa manera en que cuando escuchas algo y dices: “justo eso es lo que yo
pienso”, claro que esa coincidencia además dibujada con arte llega a ser
fantástica.
La aplicación
se me hace muy sencilla: “DECIDE VIVIR”
¿Cuándo?: ahora. Suena igual de sencillo que es, sólo que el hábito se adquiere
con la suficiente disciplina, o sea siguiendo el camino cada día, a cada
instante. En muchos de nosotros el hábito mental que sigue a esta reflexión es:
“sí, estoy de acuerdo, pero…”. Y detrás del pero, entramos a nuestro bien
surtido baúl de las excusas y sacamos desde las más simples a las sofisticadas:
"no es fácil”, “toda una vida acostumbrados a esto y ahora tener que
cambiar…”, “si me hubieran educado de otra forma”, “él lo dice porque tiene la
vida resuelta, pero que se ponga en mi lugar…”
Mi forma de
pensar al respecto es que cada ser, incluyéndonos a ti y a mí, trae en su
interior las herramientas necesarias y suficientes para resolver cualquier tipo
de situaciones que se le presenten. Tenemos las capacidades para ser felices,
convivir, trabajar, producir y llevar una vida digna. Los jóvenes tenemos todas
las condiciones cerebrales para el aprendizaje y el desarrollo pleno, los
padres podemos sobradamente educar a nuestros hijos, los que tienen una
discapacidad física nos lo muestran constantemente, veamos los paralímpicos,
estudiemos la vida de muchos que sin tener las cualidades que nosotros tenemos
logran salir adelante con una sonrisa constante.
Creo que es
momento de cambiar de hábitos, de pasarnos al lado de los grandes abandonando
la mediocridad, de dejar el victimismo para los que mueren a los 40 y los
entierran a los 90 y nosotros vivir en plenitud, disfrutar cada día, gozar este
momento y decirle a la vida un gran ¡SÍ!.
Entonces, como
la madre de la obra mencionada, “aullaremos”
cada mañana con ese sonido que otros escucharán y sintonizarán con él, porque
estoy convencido que somos muchos, muchísimos los que sintonizamos con esta
filosofía de que la vida merece la pena, de que tiene de todo el mercado de la
existencia y somos dueños en cada instante de adquirir lo que más nos convenga,
lo que queremos y nos hacemos responsables de ello. No hay determinismo, no
existe la predestinación. Esta el amor, la vida, la posibilidad de cada
momento. Este es el momento, ahora puedes comenzar.
Gracias por
leer y también por decidir. Y recuerda una de las frases de la obra, yo tomo
nota también:
"La verdad que no nos atrevemos a gritar se convierte en la neurosis que no sabemos callar"
Con mi cariño de siempre
José Luis
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