lunes, 4 de julio de 2011

La herencia que recibimos de nuestros padres (segunda parte)


Continuando con la reflexión del mes pasado y motivado en esta ocasión por todas las personas que quieren aprovechar al máximo sus recursos y no gastar más energía en entender los porqués de los acontecimientos sino más bien en descubrir los paraqués de cada una de nuestras acciones, veremos otros puntos que también forman este bagaje de experiencia que hemos llamado herencia.

LOS CONOCIMIENTOS

Nuestra sociedad ha establecido sistemas educativos, en ellos desde la más tierna edad las niñas y niños acuden a la guardería, el kínder o la primaria. Los primeros años de vida según la psicología son fundamentales para la formación de la personalidad, por lo tanto lo que recibimos en nuestra infancia por medio de nuestros maestros, los ambientes escolares y las relaciones que ahí mantuvimos, influyen significativamente en la vida que de adultos llevamos, en nuestra conducta, actitud y desempeño.

Dado que es tan importante la educación será bueno reflexionar sobre la herencia que de ella recibimos. Las monedas que acumulamos en forma de conocimiento académico y la experiencia relacional durante los años escolares se han convertido en la edad adulta en resultados y posiblemente en formas y estilos, algunos repetitivos o compulsivos y otros liberadores.

Cuestionamiento:

  1. ¿Cuáles son los recuerdos más fuertes que tengo de mi época escolar?
  2. ¿Qué pienso al respecto de lo que recibí, de cómo lo recibí, del ambiente?
  3. ¿Cómo he capitalizado mis conocimientos y experiencias escolares?
  4. ¿Qué es lo que más me ha servido en la vida práctica de lo que aprendí en mi vida estudiantil?

EL FRUTO DE MI TRABAJO

También tenemos en nuestro costalito de monedas los resultados de nuestra vida productiva. Sea cambiando pañales y haciendo de comer, o en la industria alimentando la línea de producción, ordenando papeles en una oficina o cortando el pasto en un jardín, nuestro hacer siempre es útil para algo o para alguien y lo laboral es un pilar importante en nuestra propia valoración (autoestima), el medio para obtener los bienes materiales que necesitamos y el sentido de utilidad tan necesario para nuestra felicidad.

En el caso de que ahora seas estudiante de tiempo completo puedes valorar tu esfuerzo y productividad en función de la entrega y el empeño en el aprendizaje significativo.

Lo que hemos hecho hasta ahora es también parte importante de nuestra herencia.

Cuestionamiento:

  1. ¿Me siento útil? ¿Para quienes?
  2. ¿Lo que hago hoy me satisface? ¿Lo hago con gusto?
  3. ¿Qué es lo mejor de mi vida laboral y productiva?
  4. ¿Para qué le sirve al mundo lo que yo hago?

LAS RELACIONES SOCIALES

El otro elemento importante que suele dejar huella, es el mundo de las relaciones, los amigos, la vida social, los grupos de pertenencia, etc. A través de ellos hemos construido nuestra propia red social, hemos compartido diversión e intimidad, servicio y expansión, momentos buenos y malos amores y desamores, algunos amigos sin duda son más significativos que los propios familiares y otros han pasado por nuestra vida dejando huella, sin importar la distancia los estilos o la vida personal.

Cuestionamiento:

  1. ¿Cuál es el saldo actual de mi cuenta de banco relacional?
  2. ¿Soy buen amigo? ¿Tengo buenos amigos?
  3. ¿Qué situaciones concretas de mi vida social me han ayudado en momentos importantes o difíciles?

Como podemos comprobar a través de estos cuestionamientos, la herencia que tenemos en nuestro haber es muy basta, y de nosotros depende usarla bien, aceptarla o rechazarla, administrarla o despilfarrarla. Lo que está claros es que el paquete viene completo.

Espero tus comentarios.

Con mi cariño de siempre.

joseluis@dordesa.com

www.dordesa.com


martes, 14 de junio de 2011

¡DÍA DEL PADRE Y PATERNIDAD!

Si vale la pena celebrar el día de la madre, vale la pena celebrar el día del padre, con la misma intención que las celebraciones mundiales tienen, de detenernos, extraernos de la rutina, para hacernos conscientes del valor de lo que se celebra: Que sin maternidad y paternidad, este mundo se seguirá deshumanizando, que es como decir, desvalorizando, desvitalizando, destruyendo.





Pero, entonces vale la pena que profundicemos un poco en esto que celebramos, porque a decir verdad y con toda la oleada de ataques a la familia, al matrimonio, a la vida, que estamos teniendo, la desorientación aumenta. Como con la película recién, “La Otra Familia”, donde haciendo gala de los metalenguajes, para atraer al público, y usando el esquema de antagonismos, donde todos los heterosexuales son malos, depravados, infieles, etc. y los pocos que no lo son, son pobres de dinero y cultura, por lo que terminan aceptando como mejor que la vida de un niño en juego, se vaya a la otra cancha, donde los homosexuales son los bellos, buenos, ricos y normales, y donde el público sale casi aceptando y mentalizándose no por lo humano, sino por la emergencia, que es mejor. Igualmente nos ha pasado con los condones, anticonceptivos, infidelidades, droga, mordida, corrupción, politiquería, etc. donde acabamos diciendo que es mejor a lo peor, perdiendo de vista, y por tanto de exigencia, lo que es natural, bueno, humano, y que desarrolla.

Porque en estos temas no aplica aquello de que “en la variedad está el gusto”, ni de que “el fin justifica los medios”, sino que en la profundidad está la respuesta; de que aceptar y tolerar, no es confundir; y de que si hay que respetar, implica a todos, también a las minorías respecto a las mayorías.

Ser padre, o hablar de paternidad, implica muchas cosas, que no sólo engendrar, y que por tanto requiere de tiempo, esfuerzo, dedicación, presencia, modelaje, voluntad, diálogo, y equilibrio con el ser madre y la maternidad, de manera que pueda surgir la armonía, el crecimiento natural en su propio medio, y la conexión con los dos polos necesarios para hacerlo.

Pero, hay algo más a lo que hoy me quiero referir. Jesús Silva Herzog en un artículo en la revista Nexos, hablando en su tema de economía, dice claramente una verdad: “Una banca que no presta, junto con un fisco que no recauda, no son los mejores elementos para apoyar el desarrollo económico del País”. Y me pregunto haciendo un parangón, si no es lo mismo en la familia: “Una paternidad que no presta su tiempo para amar, su experiencia para formar, su presencia para educar, su personalidad en el modelaje, su paciencia como adulto y comprensión para orientar , su pasión por la vida para contagiar, y sus errores para reconocer y crecer. Así como si no hay la exigencia para que el hijo responda, dé, coopere, contribuya, se integre, haga por la comunidad, y participe, entonces, no se darán los mejores elementos para lograr el desarrollo de la familia”.
Es dando y recibiendo solamente, como se pueden formar las comunidades, lo demás nos hace únicamente, sociedades mercantiles, de consumo, comerciales, de intereses variables, pero, no de desarrollo humano.

No es fácil. Ya Malraux decía “hacen falta sesenta años para hacer a un ser humano y después sólo sirve para morir”, olvidando que más allá de toda consideración acerca de lo verdadero y lo falso, como dice Carlos Fuentes, “se encuentra lo vivido”. Y es esto precisamente la paternidad, la nostalgia del eslabón humano que se transmite de generación en generación, dando lo mejor, lo más desarrollado, a través de alguien que ha vivido, que quiere continuar la especie de la mejor manera, y que se apasiona en hacerlo, logrando lo que dice Gabriela Martínez Corona, “la liberadora libertad de esclavizarse”, porque ser padre, al igual que ser madre, es esto, una decisión consciente de que nuestro tiempo, vida y esfuerzos va en ello, no como lo total y único, pero, sí como la decisión más existencialmente comprometedora en el uso de nuestra libertad para el gran proyecto: Los hijos.


JUAN IGNACIO CALVA MORALES.

jueves, 5 de mayo de 2011

La herencia que recibimos de nuestros padres (primera parte)

Ultimamente me he encontrado con personas, sobre todo jóvenes, pero también algunos adultos que sienten que la vida les “ha quedado a deber”. Dicho de otra manera que ellos son merecedores de mejores herencias que las que han recibido, sea en lo material, porque no tienen lo que desean, o en otras áreas de su vida, por ejemplo porque el cuerpo que tienen no les gusta, o su personalidad creen debérsela a la historia por la que “otros” les han hecho pasar.

Es por esto que me he decidido a compartir unas reflexiones iluminadas por un cuento que llegó a mis manos, titulado “¿Dónde están las monedas?” la idea es que dediquemos unos minutos a valorar lo que hemos recibido desde la herencia genética hasta las costumbres y hábitos, y nos decidamos a hacernos responsables de ello para construir el legado que dejaremos a los que nos siguen.

MIS ORÍGENES Y MI HISTORIA PERSONAL

Recibir una herencia, generalmente es agradable. Pensar en ello a algunas personas les da esperanza. Quienes han recibido una herencia pueden dar cuentas de esto y, como todo en la vida humana, se dan los casos de los agradecidos por lo que reciben, los resentidos porque no recibieron lo que esperaban, los que cargan con la culpa por ser preferidos de sus padres y odiados por sus hermanos, los que renuncian a la herencia y a la relación…, en fin que existe un abanico de posibilidades en la respuesta personal, que de forma simplista podemos dividir en dos los grupos: los agradecidos y los resentidos.

La herencia espiritual, los dones que recibimos y que tienen que ver con otras cosas que no son el dinero, como son los rasgos físicos, dependientes de la genética, la personalidad con su componente temperamental y ambiental, etc. Es un asunto que si bien tenemos que reconocer que recibimos, no es tan obvio de quién lo recibimos y qué depende de los otros y de nosotros mismos.

El asunto es que tenemos en este instante una historia, una serie de relaciones, un montón de experiencias, que nos hacen sabios o fanáticos, entusiastas o amargados; y poseemos también los personales motivos para vivir, fruto de alguna manera de esta misma herencia que hemos ido acumulando en nuestro corto existir.

Es ahora el momento preciso de analizar cómo recibimos esta herencia, con qué actitud, qué pensamos hacer con ella, cómo podemos descubrirla por completo para aceptarla en su totalidad y de esta forma, integrarla a nuestro caminar diario para que sea un gran recurso para nuestra existencia.

Cuestionamiento:

1. ¿Qué recibí de mis padres a nivel físico, rasgos de personalidad y genética?
2.
¿Cómo fue el ambiente de mi infancia y qué aportó a mi estilo de vivir?
3.
¿Qué he recibido de mis familiares, hermanos, primos, amigos, etc.?
4.
¿Quiénes son en este momento las personas más cercanas a mí y qué me han aportado?
5.
¿Qué decido hacer con esta herencia que he recibido y que es lo que ahora tengo para hacerla fructificar de manera constructiva, creativa y significante?

Espero que la presente reflexión te lleve a sacar conclusiones personales, valorando lo que tienes y agradeciendo lo que tus antepasados, principalmente tus padres, te heredaron, agradable o desagradable, pero que con seguridad es lo mejor que supieron dar.

El segundo objetivo de esta reflexión es que la responsabilidad por esta herencia, es personal, tú y yo decidimos en cada momento qué hacer, qué decir, cómo actuar. Y si bien es cierto que nuestra historia personal nos condiciona, nunca podemos afirmar que es determinante, más bien depende de nuestra habilidad para vivir con creatividad y lograr el objetivo final que todos buscamos: SER FELICES.

Espero tus comentarios.

Con mi cariño de siempre.

joseluis@dordesa.com

www.dordesa.com